Y ahí estamos otra vez

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

CESAR QUIAN

El optimismo y la despreocupación, aquella sana actitud ante la vida que uno podía elegir para disfrutarla mejor y sin cargas, no sirve ahora

29 ene 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El optimismo y la despreocupación, aquella sana actitud ante la vida que uno podía elegir para disfrutarla mejor y sin cargas, no sirve ahora. El coronavirus se ha encargado de demostrarnos que todo lo malo que podamos imaginar, por lo general, se cumple. En esta ciudad, como en todas, hemos visto que nos encerraban por 15 días y finalmente fueron cien. Que los agoreros decían que nos estábamos relajando demasiado en verano y, pese a las mil y una advertencias, nos vimos a la vuelta de este con el agua al cuello. Que hubo que cerrar toda la hostelería para, supuestamente, salvar la Navidad. Que los casos de coronavirus empezaron a dejar de ser lo que le pasó «al compañero de trabajo del primo de un amigo» a algo que se daba en todas las familias, incluso en carne propia, tal y como se nos indicó. Que amigas que lo padecieron sin enterarse («porque a la gente joven no le pasa nada») ahora se les cae el pelo, se sienten deprimidas y tienen un inexplicable bajón físico a mitad de día. Que los médicos, que veían todo esto desde un punto de vista científico y no emocional, daban la voz de alarma de la locura que era lo de juntar familias en Navidad, poniendo en riesgo las vidas de las personas más queridas. Que finalmente tenían razón y la tercera ola pinta aún peor que la primera que dejamos atrás, como si fuera el punto más bajo al que nunca íbamos a retornar. Que seguramente haya que usar hospitales de campaña y seguir observando una curva endemoniada que no para de subir. Que volvemos al punto de partida.

Y ahí estamos otra vez. Menos optimistas y preocupados. Con miedo y mascarillas FFP2. ¿Creyéndonos ya que lo que decían los médicos iba en serio? A ver si esta vez lo hacemos mejor.