Los coruñeses vacían el minibar

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

CESAR QUIAN

26 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Como regrese este fin de semana el sol (que parece que sí) los coruñeses volveremos a bajarnos el minibar en la calle. Hacía mucho, pero mucho tiempo que no veía de nuevo esta segunda ola... de San Juan. Mi madriña! El domingo pasado cada esquinita de los campos que miran al mar en San Roque se llenaron de familias (entiendo que convivientes) para tomar el vermú. Como si fuera el 23 de junio por la tarde, los coruñeses decidieron que la hora del aperitivo del domingo corría esta vez por su cuenta. Botellines de cerveza, patatas fritas y hasta alguna fiambrera volvieron a cubrir las mesas que normalmente se visten de fiesta en la noche más corta del año. Pero no solo en ese barrio se notó el auge de esta animada versión de la pandemia, a falta de bares abiertos, ya los coruñeses nos bajamos el minibar también en la Marina, alrededor del Campo da Leña y en cualquier rinconcito acogedor que le diese algo de vidilla a esta nueva normalidad. Somos animales sociales. No sé si más animales que sociales, pero desde luego el homo coruñesis tiene ese gen NPU («no me pierdo una») predominante que lo lanza a la calle para animarse. Y es que le da igual hasta plantarse en los maceteros para tomar el café o la bebida de turno. Lo contaba ayer mi compañera Antía Díaz Leal, que a todos nos ha entrado este fervor por el café de mano, pero a la hora del paseo del sábado yo tengo que confesar con este folclore coruñés que también me he visto tentada a apoyar el codo en esos maceteros enormes de la plaza de Lugo que son los que más se asemejan a la barra del bar. No me va lo de los contenedores, aunque también sé que se lleva, porque en cualquier murete, en cualquier saliente, en cualquier recoveco en el que quepa un vaso, allí veremos los coruñeses la sombra de un viejo bar.