Las colas para comer, cada vez más largas

Las instituciones benéficas ven como día a día se van vaciando sus despensas

Personas haciendo cola para recibir alimentos ante la asociación Renacer de A Coruña
Personas haciendo cola para recibir alimentos ante la asociación Renacer de A Coruña

A Coruña / la voz

El coronavirus mata a gente, deja con secuelas a muchos que se vieron contagiados por la enfermedad y también afecta gravemente a la economía. Muchas empresas incluso se han visto obligadas a optar por los despidos, y la precariedad va ganando terreno entre las familias lastradas por el desempleo.

El drama social se hace cada vez más visible y las instituciones benéficas ven cómo día a día sus despensas se van vaciando porque las donaciones no alcanzan y porque las colas a sus puertas para comer crecen de forma desproporcionada.

Entregas insuficientes. Alejandro también acude a la puerta de Renacer para buscar alimentos. Aunque las entregas son insuficientes, afirma que es lo que les está salvando la vida.
Entregas insuficientes. Alejandro también acude a la puerta de Renacer para buscar alimentos. Aunque las entregas son insuficientes, afirma que es lo que les está salvando la vida.

A los que esperan por los alimentos y otros productos de primera necesidad no les queda más remedio que acudir «si no queremos morir de hambre», cuenta Iván, un joven de 27 años que trabajaba en el puerto y tras el confinamiento «me comunicaron que no bajase más al Muro, que no había trabajo».

De Ourense, a la cola de Renacer. José Luis es camarero. En A Coruña le ofrecieron mejores condiciones que en Ourense, pero fue despedido al día siguiente del confinamiento.
De Ourense, a la cola de Renacer. José Luis es camarero. En A Coruña le ofrecieron mejores condiciones que en Ourense, pero fue despedido al día siguiente del confinamiento.

«Estamos pasando hambre»

José Luis, de 42 años, es camarero. Vino desde Ourense con su familia en noviembre del año pasado: «Me ofrecieron mejores condiciones económicas aquí». Pero todo se trastocó. El 15 de marzo, un día después del inicio del confinamiento, «me dijeron que me tenía que ir, que ya veríamos lo que pasaba cuando se levantase el encierro. Pero aún continúo esperando». Cobra solo la ayuda familiar, 230 euros, y ya acumula una deuda de 2.500. «Solicité todas las ayudas que anunciaron, pero las oficinas públicas están o cerradas o colapsadas», denuncia con rabia.

Sin poder acogerse a ayudas.. Alberto es marinero del cerco. Asegura que no gana ni para comer y que el armador no los puede mandar a un ERTE por que su actividad es esencial.
Sin poder acogerse a ayudas.. Alberto es marinero del cerco. Asegura que no gana ni para comer y que el armador no los puede mandar a un ERTE por que su actividad es esencial.

Alberto, de nacionalidad peruana, ya no puede más: «Tengo mujer y una hija de 10 años, y estamos pasando hambre». Es marinero del cerco, «pero no se gana nada, y a nosotros no nos pueden enviar a un ERTE porque formamos parte de una actividad esencial», explica.

Un empresario en la Cocina Económica. Luis Reyes y su familia (en la foto, con su hija) huyeron de Colombia por extorsiones. Dejó su empresa e iba a crear una en A Coruña, pero el covid no le dejó.
Un empresario en la Cocina Económica. Luis Reyes y su familia (en la foto, con su hija) huyeron de Colombia por extorsiones. Dejó su empresa e iba a crear una en A Coruña, pero el covid no le dejó.

Luis Reyes llegó de Colombia escapando «de la muerte» con su mujer y dos hijas. Tenía un negocio y le extorsionaban. Tenía planes y trabajo en A Coruña, «pero todo se vino abajo por el covid-19». Ni siquiera su familia, que reside en el país sudamericano, «conoce mi desesperada situación, no sabe que tengo que venir a la Cocina Económica a comer», lamenta.

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