Cuando la ideología dividía a los hoteles en A Coruña: el Palace contra el Atlantic

A principios del siglo XX, el primero tenía un ambiente monárquico-conservador, el segundo, republicano y de izquierda moderada

A la izquierda, el hotel Palace, situado frente al Obelisco, era el lugar en el que se daban cita los conservadores de la época. A la derecha, el Atlantic, el establecimiento escogido por la gente de la izquierda moderada
A la izquierda, el hotel Palace, situado frente al Obelisco, era el lugar en el que se daban cita los conservadores de la época. A la derecha, el Atlantic, el establecimiento escogido por la gente de la izquierda moderada

A principios del siglo XX, la diversidad política que se vivía en A Coruña se reflejaba también en sus hoteles. Por una parte estaba el Palace, con un ambiente monárquico-conservador, y en el lado contrario, el Atlantic, republicano y de izquierda moderada.

El edificio del hotel Palace era un inmueble de viviendas, construido en 1872, y que adquiriría en 1916 ese uso que lo haría más popular. Estaba ubicado en la calle Real 87, una localización céntrica con el obelisco enfrente. En sus bajos albergó el famoso café Oriental y fue el mejor hotel de A Coruña hasta el año 1923, cuando nace el Atlantic.

En el registro de clientes figuraron multitud de nombres ilustres. Entre sus primeros huéspedes estaba el que fue presidente del Gobierno, Eduardo Dato, alojado en 1916. Por sus estancias también pasaron el filósofo Ortega y Gasset, en 1917; el sultán de Marruecos, Mulay Hafiz, en 1918; o la fotógrafa estadounidense Ruth Matilda Anderson, que se alojó en 1925.

En el Palace se respiraba un ambiente monárquico-conservador. Entre el grupo de personas que lo frecuentaban destacaban el abogado monárquico Vegas Latapié, el comandante Juan Barja de Quiroga, el coronel Pablo Martín Alonso o el abogado del Estado Severino Lamas.

Además, estuvo recomendado en la Guía Michelin desde 1917 hasta 1961. En su edición de 1917 hacía referencia a sus instalaciones del siguiente modo: «Un hotel confortable de tres pabellones, chófer con pensión completa a 10 pesetas, alumbrado eléctrico, ascensor, cuarto de baño, water-closets bien cuidado, instalación moderna e higiénica».

El Atlantic

En el lado ideológico opuesto estaba el hotel Atlantic. El edificio que lo acogía no contemplaba la opción de albergar una instalación hotelera. Era un inmueble concebido para el ocio, como pabellón de recreo, con restaurante, cafetería y casino. Se inauguró el 9 de julio de 1923 y permaneció abierto durante 70 años, cuando pasó a ser de titularidad municipal. Su proyecto arquitectónico lo condenó a convivir con ciertas limitaciones, sobre todo de espacio, algo que consiguió superar tras su derribo en 1967, dando lugar a un hotel de mayor capacidad.

En el Atlantic -actual Eurostars Atlántico- los amplios espacios comunitarios y los lujosos salones dejaban en ridículo a cualquier otro hotel de la ciudad. Era un auténtico palacio del ocio, del encuentro y de la vida social burguesa.

El ambiente que imperaba en el Atlantic era republicano y de moderada izquierda. Desde su fundación, ilustres personajes figuraron entre su clientela, como es el caso de las cantantes y actrices Concha Piquer o Raquel Meller.

En 1934, el propio presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, se alojó en sus instalaciones. El político acudió a la ciudad para la inauguración del monumento a Curros Enríquez, una obra de Francisco Asorey, que se ubicó al lado del hotel. Con motivo de tal evento, el Atlantic albergó un banquete, organizado por la Diputación y el Ayuntamiento, y al que asistieron 160 comensales. El lujoso menú constó de entremeses variados, croquetas de queso, pastelitos de fuagrás, huevos Montpensier, langosta bellavista, capón asado y ensalada americana. Y todo ello regado con diferentes caldos: albariño Fefiñanes, tinto gallego Borrajo y champán Veuve Clicquot Carta Amarilla. Entre sus licores no faltaba el coñac Carlos II, Benedictine o Cointreau.

El hotel Atlantic -también en su denominación como Atlántico- estuvo recomendado en la Guía Michelin desde 1927 a 1966 y desde 1969 al 2013. Esto decía la edición de 1927 de sus instalaciones: «El almuerzo cuesta 8 pesetas sin vino, al igual que la cena. La habitación, entre 7 y 25 pesetas, y el chófer con pensión completa, 12 pesetas. Tiene ascensor, alumbrado eléctrico y consta de 70 habitaciones con agua corriente caliente y fría, cuarto de baño, instalaciones modernas y un garaje de 40 plazas a 700 metros que cuesta 2 pesetas».

Se cuenta como anécdota, que cuando Franco llegaba de una tarde de pesca a bordo del Azor a la ciudad de A Coruña le preguntó a su tripulación: «¿Qué es ese edificio tan feo que se ve al fondo?».

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