El primer mar de Gloria Fuertes

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Embarcaciones y bañistas compartían espacio en la playa de Riazor en 1927.
Embarcaciones y bañistas compartían espacio en la playa de Riazor en 1927. ALBERTO MARTI VILLARDEFRANCOS

Entre Teo, monstruos de Sendak, calabazas rodantes y lobos feroces, descansa El libro de Gloria Fuertes para niños y niñas. Una maravilla repleta de versos, cuentos absurdos, millones de anécdotas y un puñado de ilustraciones de Marta Altés que son una fiesta. Hace dos noches, el retaco apartó con sus manazas la primera fila de libros y cogió este. Leímos Coleta en el Polo, como siempre, y El dentista en la selva. «Otro», dijo. Y al pasar la página apareció una de las pequeñas historias que cuentan la vida de Gloria. «Un día de agosto, Gloria se subió en un tren que iba de Madrid a La Coruña». «¡Sale Coruña!», gritó. Y así descubrimos que la escritora vio por primera vez el mar aquí. Sería a finales de los años 20. Ni paseo ni semáforos covid, ni imposibles fachadas al mar. Casetas con lona de rayas, unas rampas de madera, y el Atlántico. El cuento explica que aquella Gloria niña se moría por ver ese mar desconocido y se escapa corriendo a la orilla. Aterrada ante la multitud de monstruos que ocultaría aquella masa infinita de agua, no se atreve a bañarse.

Pero siempre volvería al mar. En persona y con sus palabras, porque la impresión que causó en aquella niña pequeña no desaparecería nunca. El mar se acaba en el mar, en su tejado de olas, escribía, que tienen forma de tejas y forma de caracolas. Descubro que Gloria Fuertes tiene una calle (pequeña) en la Zapateira, y otra en una urbanización en Culleredo. Los niños y las niñas que aprendimos con ella que había un colegio en el fondo del mar (y allí los bonitos iban a estudiar) le habríamos dado una avenida un poco más grande, si nos dejasen. O plantaríamos una caseta con lona de rayas de colores y tejados de caracolas en Riazor, para que todos los que vean el mar por primera vez sepan que ella estuvo allí, un día, imaginando mil monstruos debajo de las olas.