La filóloga, escritora y profesora Heidi Kühn falleció a los 74 años
25 may 2020 . Actualizado a las 12:56 h.Una esquela es una manera de decir al mundo que se nos ha ido alguien que tanto queríamos. Una esquela es un pájaro negro y Heidi era una desbandada de pájaros blancos.
Tengo ahora a mi lado un libro en rústica de Austral con dos obras dramáticas: Las Meninas e Historia de una escalera. El libro que una mañana en que, sentada en mi pupitre de séptimo de Básica de la Compañía de María, Heidi me entregó porque yo leía a Enyd Blyton y como no sabía reñir dijo: «Tú ya no estás para leer eso. Toma». Y me lo dio como se presta un boli o se ajusta la cinta de la coleta. Nunca me he cortado esa coleta, Heidi. Mi amor por el teatro es el tuyo. Mi amor por la literatura es el tuyo.
Polifacética, adelantada, feminista, escritora, intérprete. Todo eso. Todo eso y tu presencia serena de walquiria mitológica, tu multilingüismo de turris babelis que comprendía todos los idiomas y mucho más que los idiomas, tus canciones de flautista de Hamelin, tus blocs con lazos y papel charol, tus reflexiones como quien hace la cuenta del supermercado. Nunca creáis en las generalizaciones sobre los pueblos, yo nací en un país malo en un año bueno, ¿creéis que soy el prototipo de prusiana?
Pues no. Tú no eres el prototipo de nada porque, además de todo lo demás, jamás te concediste la menor importancia. Como si fuese corriente tu pedagogía innata, tu amor panteísta, tu curiosidad eternamente joven y poliédrica. Como si fuese corriente, además de todo lo demás, tu porte de hada.