«Nadie nos ha regalado nada, hemos arriesgado mucho»

Yolanda Castaño, Jano Muñoz y Luis Veira cuentan cómo viven una edad que no cambiarían por otra


A Coruña / La Voz

Quedamos con tres coruñeses -de nacimiento o adopción- en el nuevo Árbore da Veira, en el monte de San Pedro, un local al frente del cual está Luis Veira (1978), uno de los chef más reputados de Galicia y ya bien conocido fuera de ella. Con él se reúnen Yolanda Castaño (1977), que en el campo de la poesía en gallego ha alcanzado una gran difusión, y Jano Muñoz (1971), un pintor cuya obra alcanza un reconocimiento internacional. Se los ve bien, contentos con ellos mismos. De ellos, avisan, van a hablar, no por toda una generación en la que a algunos les fue mejor que a otros.

«A veces daría todo lo que tengo por volver a los 16 y a veces pienso que estoy en el mejor momento de mi vida», cuenta, con humor, Luis Veira. «Eu non, déixaos ir, agora nos coñecemos ben a nós mesmos, temos máis claro o que queremos, o que estamos dispostos a pelexar e o que non paga a pena», responde Yolanda. Jano Muñoz no duda: «La mejor edad es esta», asegura, y a los tres se les nota que han aprovechado el camino y no cambiarían la vida a la que han llegado.

«En nuestro caso nosotros somos unos privilegiados, pero nadie nos ha regalado nada, hemos arriesgado mucho y hemos ganado», matiza Muñoz. El buen momento por el que pasan hubo que crearlo, y en esa idea abunda Luis Veira: «Nos hemos esforzado mucho, nadie nos ha regalado nada», dice repitiendo la misma expresión, una idea en la que también abunda Castaño: «Dímonos conta de que ninguén ía vir a buscarnos para acadar unha estabilidade, tivemos que investir moito en nós mesmos e facer unha aposta a morte, cun compromiso co noso oficio con altas cotas de risco», dice.

El hecho de que haya mucho trabajo tras sus trayectorias no significa que ese mérito no lo tengan otras generaciones. «Les va a costar mucho más a los que vienen detrás», cuenta Muñoz. Solo discrepa Luis Veira. «Me van a quemar por esto, pero yo trabajo con gente más joven, de 20 y de 30, y nos van a superar con las tecnologías, pero no en capacidad de trabajo y esfuerzo, aunque tampoco en eso superamos nosotros lo que hicieron nuestros padres», afirma.

¿Y qué se echa de menos en la década de los 40? «Pues Baroque, Pachá, los fines de semana...», bromea Luis Veira. «No echo de menos nada, sigo comiéndome hostias profesionales y en la vida también, pero de ellas aprendo, tampoco busco una vida acomodada, siempre me gustó complicármela», relata Muñoz. «Boto de menos unha correspondencia máis equitativa entre o nivel de esforzo e a estabilidade económica», cuenta Yolanda Castaño quien recuerda que en su caso particular, el «valor de mercado» de la poesía nada tiene que ver con el de la cocina y la pintura. Pocas quejas más. «Ahora ya no me afectan las críticas», dice Luis, «moito menos que antes», confirma Yolanda, «lo relativizas todo», afirma Jano, que también recuerda que «nuestros cuarenta no son los de nuestros abuelos». Ahí están, en esa madurez todavía joven y con la experiencia adquirida. En su mejor momento.

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