El «rexurdimento» de Pardo Bazán

La escritora «está de moda» con su nuevo espacio en Tabacos, la plaza en Marineda y ser un referente femenino pionero


Emilia Pardo Bazán vuelve a participar en la vida de una ciudad, la suya, a la que un día rebautizó con el nombre de Marineda. En menos de un lustro ha ido ocupando espacios cada vez más visibles en la Fábri­ca de Tabacos, en el centro comercial Marineda City, en los carteles de la convocatoria de la mayor movi­lización de mujeres de un ocho de marzo o en la imagen colec­tiva de las periodistas coruñesas, que eligieron su monumento para retratarse. Ahí está una escritora e intelec­tual que ahora «está de mo­da. Mirámola aos ollos, liberada ao fin do recelo [machista] doutras épocas e sen os estereotipos que a acompañaban, e entón vemos a unha impresionante intelectual e unha muller valente, e sorpréndenos a resolución coa que desenvolveu o seu traballo e a súa vida», sos­tiene una de sus lectoras.

«Lean 'El indulto', de Emilia Pardo Bazán, para ver dónde se encuentran las mujeres de hoy en día»

«Emi­lia Pardo Bazán ha vuelto a la Fábrica de Tabacos». Esto decía José María Gómez, presidente del Tribunal Superior de Xusti­za de Galicia, durante su inter­vención, el pasado lunes, en la entrega de las primeras meda­llas que llevan el nombre de la escritora. Lo hacía en la sala ubicada dentro del reformado inmueble y dedicada a la autora de La Tribuna. «Esta sa­la es un espacio abierto a la so­ciedad», afirmaba Ignacio Pica­toste, presidente de la Audiencia Provincial, que tiene allí su sede. En el acto se proyectaron imáge­nes de aquellas 4.000 ciga­rreras que protagonizaron la pri­mera huelga de mujeres en Gali­cia y que «foron e son exemplo para todas», de­cía la alcaldesa, Inés Rey.

«De cuantas mujeres enjabo­naban ropa en el lavadero público de Marineda, ateridas por el frío cruel de una mañana de marzo, Antonia, la asistenta, era la más encorvada, la más abatida, la que torcía con menos brío, la que re­fregaba con mayor desaliento». Así comienza El indulto, un re­lato que la escritora publicó en 1883 en La re­vista Ibérica. Aconsejó su lectu­ra una de las premiadas con di­chas medallas, Ángeles Carmona, presidenta del Observa­torio de la Violencia Domésti­ca del Consejo General del Po­der Judicial. El angustioso texto protagonizado por Antonia so­brecoge, tanto por lo que narra como porque podía haber ocu­rrido ayer.

Al resurgir de Par­do Bazán ha contribuido la vi­gencia de sus textos y la publi­cación de libros como El encaje roto (Contraseña), una antología de 35 cuentos en los que relata la violencia contra las mujeres, en una edición a cargo de Cris­tina Patiño Eirín, profesora de la USC y especialista en la obra de la escritora.

Otra obra básica para la puesta al día de la autora de Los pazos de Ulloa es la amplia bio­grafía de Isabel Burdiel (Badajoz, 1958), catedrática e historiadora que en el 2011 recibió el Premio Na­cional de Historia por la bio­grafía de Isabel II. 

El impulso desde la casa museo

Que Pardo Bazán dé nombre a unas medallas destinadas a re­conocer el trabajo a favor de la igualdad, y que estas se entreguen en su Marineda natal son nuevos pasos en el «rexurdimento» de la escritora en una ciudad en la que, además de los espacios ya mencionados, da nombre a un colegio, a una calle y tiene una escultura en los jardines de Méndez Núñez. En esta última se centró una iniciativa de la Casa Museo Pardo Bazán consistente en recopilar las fotogra­fías donadas por quienes un día habían sido retratados delante de dicha escultura. Desde la institución se planificó la exposición 100 anos de histo­rias (1916-2016). O monumento a Emilia Pardo Bazán como pano de fondo y, con la colaboración de varias instituciones, la muestra también pudo verse en los Cantones.

Detrás de las acciones para divulgar la figura de Pardo Bazán están los responsables de su casa museo, ubicada en el nú­mero 11 de la calle Tabernas, sede de la Real Academia Galega, con Xulia Santiso implicada en dar visibilidad a la institución y a los espacios que evocan a la escritora.

Queda pendiente la ubi­cación de la escultura original, sustituida en el año 2003 por un vaciado en bronce, que lle­va años en los talleres municipa­les, tras ser reparada. De ello aún se habló esta semana, si bien falta la decisión clave: ins­talarla fuera o dentro de la Fábri­ca de Tabacos. Para unos el lu­gar ideal es el interior del edificio que inmortalizó en La Tribuna. Para otros es la plaza, donde se mezclaría con los viandantes y los juegos infantiles, con el riesgo de re­cibir algún pelotazo pero con la seguridad de que estaría más presente en la vida coruñesa.

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