Pidamos una verbena a los Reyes

La decoración navideña tiende al exceso. Y es lógico

Luces de Navidad en A Coruña: La Marina
Luces de Navidad en A Coruña: La Marina

En la Plaza de España hay una tela de araña hecha de luz entre los árboles. Una red luminosa que deja a los niños con la boca abierta, y a los mayores nos hace pensar en ese tiempo en el que éramos nosotros los que abríamos la boca cuando se encendía la Navidad. Es uno de esos puntos que tal vez no sean los más espectaculares en la iluminación de este año, pero concentra más magia. Dan ganas de verbena, de tomar algo con los amigos. No tiene bolas ni pavos ni estrellas ni esas lentejuelas gigantes de la Marina, pero es más festeiro. Un millennial con clase podría subir la foto a Instagram y seguir quedando como el más elegante de los influencers: son como esas luces de las bodas que se hacen virales. Suenan a Novedades Carminha y a risas de verano.

La decoración navideña tiende al exceso. Y es lógico. Un árbol en blanco y negro puede quedar muy elegante en la revista AD o en un blog decoración. O para que Melania Trump pasee por la Casa Blanca vestida a juego con los adornos. Pero luego montas ese árbol en casa y los niños dirán que es soso. Que le faltan bolas rojas, un par de renos, una docena de duendes, campanitas y esos sospechosos colgantes que han hecho ellos mismos en el colegio. Será porque todos hemos peleado en casa por tener el árbol con más cascabeles y lazos de la historia que cuando se encienden las luces en la calle, queremos más. Más bombillas, más lentejuelas, más estrellas (sí, Estrellas de la Muerte también). Más, más, más. Porque si no podemos sacar en esta época del año nuestra vena más hortera, ¿cuándo lo haremos?

Cuando hace unas semanas el alcalde de Vigo le dio al botón que arrancaba su derroche olívico-lumínico, alguien me decía que seguro que aquí en Coruña sería más fino. No pude evitar enviarle el tuit de Beatriz Mato felicitando a Inés Rey y al Concello por la iluminación de este año porque «igual es una cuestión de gusto y estilo». Aunque el estilo, por cierto, no llega a todas partes: un recorrido en coche por alguna zona de la ciudad (como Los Rosales, por ejemplo), deja la sensación de que la Navidad va por barrios. Que es una queja recurrente que escucho desde que celebré mi primera Nochebuena en la calle Orzán con un único arco, pequeño y precioso, por cierto, debajo de la ventana.

Y va una década, así que si esto me permite ya exigir como una vecina más... ¿nos podrían llenar todos los árboles de la ciudad de pequeñas bombillas? De aquí al verano. No nos hacen falta bolas o estrellas. Solo luces verbeneras, que lo mismo nos valen para iluminar la cabalgata que para celebrar San Juan. ¿Se imaginan? Una noche de junio cuajada de telarañas amarillas en las plazas.

Por CrÓNICAS coruñesas

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