La intensa vida detrás del Millennium

Botellón, pintadas, modelos posando, pescadores y «a los chinos les gusta venir a esas rocas, cogen mejillones y lapas»


Hay vida detrás del Millennium y mucho más intensa de lo que pudiera parecer. Lo habitual es ver a ciclistas y paseantes subir por el paseo marítimo hacia la base del monte San Pedro. Algunos miran hacia esa explanada cruzada de senderos y con un solitario banco en medio para mirar al océano. Es el banco de la melancolía y a veces el de la soledad. «Había cuatro pero ahora solo queda ese, seguramente porque está amarrado con cemento». Lo explica Antonio Sánchez, mientras lanza de nuevo la caña cerca de la punta Fervedoira a la espera de que entre un buen sargo. Tiene amplia experiencia en capturarlos. Vive en Labañou y podría escribir un libro sobre la historia de este entorno.

Una pareja pasa por un casi oculto paseo de cemento, partido en la parte más cercana al mar y que va a dar al desagüe que había antes de la construcción del paseo marítimo y del colector. En ese escondido lugar hay un colchón, restos de unas copas, sillas de piedra colocadas alrededor de una mesa y pintadas que llegan hasta detrás de los barrotes a través de los que salía el agua al mar. «Ahí vienen los chavales para hacer el botellón, las parejas...», explica Antonio, mientras su fiel Cora ladra a todo aquel que se acerca.

Luego aporta un dato sorprendente: «A los chinos les gusta venir a esas rocas; viene uno, que no hace nada, con cuatro mujeres que son las que cogen mejillones y lapas». Argumenta que estas últimas no son comestibles «pero si las cueces dan sabor a mar... No sé que harán con eso».

Antonio recuerda cuando su padre cogía arena en una playa que ahora está llena de cantos rodados: «Cuando está todo en silencio se escucha el roce de las rocas». Es un lugar donde hace poco una vecina de la zona descubría botes y plásticos de hace un cuarto de siglo: «Son los restos de las chabolas que estaban por ahí arriba cuando hicieron el paseo marítimo. Tiraron todo y taparon y ahora el mar, como fue comiendo terreno, lo está dejando al descubierto», explica este pescador. Fue precisamente en ese lugar, conocido como punta Meixillosa, donde en la tarde del pasado 20 de julio fallecía un hombre al caer y golpearse con las rocas. Ahí pueden verse desde un manojo de cables que salen de entre los escombros hasta sacos con letreros de Nitramón o de la firma Explosivos Río Tinto.

Cuando hace buen tiempo, la amplia zona de rocas también acoge a gente tomando el sol, entre ellos algunos nudistas. Además, la explanada de hierba es un lugar de encuentro, sobre todo al caer la tarde, de quienes salen a pasear con sus perros. También se puede ver a una elegante modelo posando sobre las rocas ante la cámara de su pareja que intenta captar el mágico atardecer detrás del Millennium.

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