¿Qué esconde la libreta de Raúl Cimas?

A Coruña es como el maletín que llevaban Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction, un gigantesco cofre del tesoro en cuyo interior cada uno adivina o sueña lo que le da la gana

Raúl Cimas, aferrado a su legendaria Moleskine en Late Motiv
Raúl Cimas, aferrado a su legendaria Moleskine en Late Motiv

Hay gente que aún cree que lo importante de la Feria del Libro de Madrid son los libros. Pero, como en todas las ferias del libro del mundo, lo interesante no son los libros, sino las sobremesas. Uno va al Retiro, pasa mucho calor en la caseta, firma cuatro cosas y luego acaba de sobremesa con Pepe Esteban, Jesús Egido, Ana Cermeño, Gabi González, Manuel Jabois, María Cuíña, Teo Cardalda, Morris, Guille Galván o Mara Torres.

En una de estas, uno puede terminar sentado al lado de Raúl Cimas (La Hora Chanante, Muchachada Nui, Cero en Historia, etcétera), al que esa tarde le dio por tunear con sus ilustraciones mis Poemas para Flash Gordon. Cimas va cada lunes al Late Motiv de Buenafuente en #0 a soltar su monólogo. Como era domingo, nos estuvo interrogando sobre qué podía disparatar al día siguiente en el sofá que le pone Andreu para que se explaye. Le dijimos que hablase de misiles, pero creo que no nos hizo ni caso. Como es de Albacete, al programa va siempre con un elegante traje negro de los dandis de Albacete de toda la vida, unas gafas de leer y una pequeña Moleskine, que consulta mientras va haciendo que el público se orine encima. La Moleskine de Raúl Cimas es como el maletín de Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction, que nunca supimos lo que llevaba dentro, pero que, al abrirlo, resplandecía como solo resplandecen el dinero y la droga, los dos estupefacientes que hacen girar esta bola llamada Tierra.

Nunca sabremos ya qué había dentro del maletín de Tarantino. Pero el misterio de la Moleskine de Cimas lo acabó desvelando él mismo una noche en que le contó a Buenafuente que le había regalado a su prima Chelo un reclamo para patos para que acabase antes de decir equilicuá (palabra odiosa y repipi como pocas). En un momento dado -como le gustaba decir a Eugenio-, Raúl abrió su libreta y vimos que no había ni una sola palabra escrita.

Yo, que soy mucho de andar con la libreta encima para apuntar las cosas que veo por la calle, me acuerdo estos días -de regreso en A Coruña, después de sudar en la feria de Madrid- de Cimas y su Moleskine en blanco. Porque me da por pensar que A Coruña, como la libreta de Raúl o el maletín de Pulp Fiction, es un gigantesco cofre del tesoro en cuyo interior cada uno adivina o sueña lo que le da la gana.

A Coruña está escrita con tinta invisible. Tal vez con zumo de limón, como cuando éramos niños y luego acercábamos con mucho cuidado una cerilla al papel tratando de leer el texto oculto sin que las letras acabasen en llamas. Creo que la ciudad es una Moleskine con todas las páginas en blanco para que cada uno se la imagine a su manera o incluso se le acabe regalando a su prima Chelo, envuelta en papel de flores del chino de la calle Real.

Por Luís Pousa Coruñesas

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