¿Quién gana la guerra del cartel?

Arrimadas es cabeza de lista al Congreso por Barcelona y nos queda un poco lejos aquí en los Castros


Las campañas electorales no son lo que eran. Nos han colgado frente a la delegación un cartel de Inés Arrimadas que me tiene fascinada. Primero, porque no es que luzcan muchos carteles de candidatos en la ciudad. Y segundo, porque los de Pedro Sánchez y Albert Rivera tienen su lógica, que al fin y al cabo van de presidenciables. Pero Arrimadas es cabeza de lista al Congreso por Barcelona, que nos queda un poco lejos aquí en los Castros. En este cacao electoral en el que nos hemos instalado, lo mismo nos vale un cartel de una candidata que ni figura en las papeletas de nuestra provincia ni opta a presidenta del Gobierno, que se nos mezcla la publicidad de las generales con la de las municipales, y la de las municipales con los estrenos de televisión. Así, en una especie de maremágnum catódico, una no sabe ya si A por todas es el lema con el que Bea Mato quiere llegar a alcaldesa o si es el grito de guerra de la actriz Jennifer Carpenter, que acaba de estrenar serie y cuya imagen tapa, desde hace un par de semanas, el rostro de la candidata del PP en algunos mupis de la ciudad. Está el centímetro de lateral de marquesina muy cotizado. Y el de cartelazo. Que lo mismo aparecen Pedro Pascal vendiendo la última película de Netflix que los candidatos de En Marea al Congreso y al Senado. O el rostro sonriente de Pablo Casado y el correr na Coruña que bonito é de la última carrera que se celebró este fin de semana. Y aún quedan algunos restos del tour local de Ferreiro para hacer balance de mandato, pinchos incluidos, compitiendo con anuncios de alguna empresa de reparto de comida que hacen que cambiemos las tapas municipales por un trozo de pizza. Las campañas ya no son lo que eran, y la publicidad tampoco. Pero el papel sigue resistiéndose a desaparecer, y pasan estas cosas. Los carteles sirven para anunciar mítines, para mostrar las caras de los candidatos, pegados con cola como los anuncios de conciertos, y hacen competir a Pablo Alborán con los aspirantes al Congreso en una de esas comparaciones que resultan odiosas... porque díganme si no les llama más la atención encontrarse con un lobo de los Stark que cualquier lema de campaña. Seguramente, cualquiera de las plataformas digitales que nos acosan con la publicidad de la enésima serie que no te puedes perder, o cualquier servicio de comida a domicilio que te vende la hamburguesa perfecta para ese capítulo, sí, ese que aún no has visto, tienen más presupuesto y más publicistas en nómina que el PSOE, PP, C’s, Podemos, En Marea y BNG juntos. Las campañas no son lo que eran... y la política no es Juego de tronos. Ni en el fondo ni en el presupuesto: en la guerra por la atención del respetable, sospecho que el trono de hierro se lo ha llevado de calle la nueva televisión.

Por Antía Díaz Leal Coruñesas

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