Una ciudad del emperador

Carlos de Habsburgo partió en 1520 de A Coruña para recibir la corona del Imperio Germánico


A Coruña

En Frankfurt, el 28 de junio de 1519, los siete grandes príncipes electores del Sacro Imperio Romano Germánico eligieron como rey de romanos y emperador a Carlos de Habsburgo. Su decisión repercutiría en toda Europa y también en A Coruña.

Carlos recibió la noticia en Barcelona y su elección trastocó sus planes. Nacido en Gante (Flandes) en 1500, era el nieto primogénito de Isabel de Castilla, Fernando de Aragón, Maximiliano de Austria y María de Borgoña, heredando numerosos reinos, ducados y condados. En 1517 había desembarcado en España y recorrió sus reinos para ser jurado como su rey y señor. Lo había hecho en Castilla, Aragón y en Barcelona. Y aunque era solemnemente recibido, había quejas y malestar por ser extranjero. Tenía que marchar a Aquisgrán para recibir la corona, si no, no sería emperador.

Cerrado el camino terrestre por la enemistad francesa, sólo podía ir por mar y resolvió partir desde A Coruña. ¿Por qué? En su travesía naval de 1517 sufrió una fuerte tormenta y prometió, si llegaba sano, ir agradecido a Santiago; y antes de iniciar la singladura quería cumplir lo prometido. Además, cerca estaba el puerto coruñés.

De camino a Galicia y para sufragar los gastos convocó en febrero de 1520 a las Cortes de Castilla en Santiago. Ahí estaría hasta pasar la Semana Santa. Después marchó para A Coruña. 

37 días en la ciudad

Llegó el 13 de abril y se alojó en el convento de San Francisco. Tras él vino la corte real. Durante 37 días la ciudad se convertiría en el epicentro de un gobierno mundial.

Cerradas las Cortes, el 19 de mayo, cuenta su cronista Prudencio de Sandoval, «a la puesta del sol, se levantó un viento recio. El emperador mandó pregonar el embarque, porque de mañana se quería hacer a la vela». El domingo «confesó y oyó misa». En la playa de O Parrote se despidió, reiterando la promesa de que antes de tres años volvería.

Su navío tomó la delantera y empezó a navegar. Las demás naves, «con gran música de todos los ministriles y clarines», le siguieron. Iban nobles flamencos y castellanos y también el gallego Fernando de Andrade. Por el servicio recibido en A Coruña, el emperador agradecido le concedería diversos privilegios y la convertiría en uno de los puertos principales de su imperio.

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