Rebajas nostálgicas en Casa Barros


Creo que ninguno de los que tenemos más de 40 años nos hemos saltado la ilustración que el jueves de la semana figuraba en la agenda de este periódico. Se trataba de Casa Barros. En 1989 publicitaba aquí el arranque de su período de rebajas, dejando claro que no eran los mismos artículos que se vendían el resto del año a precios más altos o que -¡novedad!-, aceptaban pagos con tarjeta de crédito. De los que detuvieron la mirada ahí, ninguno habrá podido reprimir el viaje retrospectivo hacia una ciudad en la que Marineda City o Espacio Coruña ni siquiera se podían imaginar.

Porque, aunque el anuncio hablase de Casa Barros, lo que pervive en el imaginario popular coruñés es Barros Grandes Almacenes. En ese Torreiro que hoy en día se ha convertido en una pujante zona hostelera, otrora alojaba todo un paraíso de las compras. En los setenta se desplegaba allí aquel establecimiento legendario, inspirado en los grandes almacenes que se podían ver en las grandes capitales. No era el primero. Antes se había inaugurado El Pote en Juan Flórez. Pero igual que luego ocurriría con Alcampo y Continente (o cualquiera de esos dualismos coruñeses tan típicos), cada cual tenía sus preferencias por uno u otro. Y yo y mi familia éramos de Barros.

Hasta la apertura de El Corte Inglés aquello era lo máximo. En la tele escuchábamos hablar de él y de Galerías Preciados. Los familiares emigrantes incluso mencionaban Harrods en Londres. Pero aquello nos sonaba casi a ciencia ficción. Para los niños coruñeses, los coches y las muñecas adquirían su máximo esplendor en la planta de juguetes de aquel mastodonte comercial.

Los recuerdos son difusos, mezclándose la excitación infantil y la idealización de aquel logo de Barros sobre cuadros negros y amarillos. Pero apelando a la hemeroteca de La Voz me encuentro con una «oferta especial» de juguetes con «precios especialísimos» de noviembre de 1983. Se anuncia, prepárense, el barco romano de los Airgam Boys (5.595 pesetas), el Mercedes Rico (2.700 pesetas), el Barco Famobil (3.540 pesetas), la máquina de coser Piccola (2.870 pesetas), el Doctor Sacamuelas (2.080 pesetas) o el tocador Barbie (970 pesetas). Advierten en el anuncio que «le probamos los juguetes». También algo que llama la atención: «Le regalamos las pilas, lo que supone una cantidad importante».

Es de suponer que al lector ya se la habrá activado el modo nostálgico y se verá a sí mismo por aquellas escaleras de terrazo. Subiendo y bajando. Sintiendo el extraño impulso de consumir en una sociedad que estaba dando sus primeros pasos en ese sentido. Quedaba mucho por andar. De hecho, frente a Barros estaba aquel Zara de ropa barata al que nos llevaban a principio de curso. Pero de eso hablaremos otro día.

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