El chaval que se cayó en el paseo


Hoy les tengo que contar la historia que viví el domingo pasado, cuando justamente en estas páginas se hablaba del carril bici, de cómo tenía que quedar, qué tramos estaban más difusos y qué problemas podría traer a todos los ciudadanos. Pues ese mismo día por la tarde, sobre las 19.00, vi cómo un chaval de unos 16 años se llevaba un tremendo golpazo desde su bicicleta.

Él venía pedaleando a una velocidad normal por el paseo, a la altura de la calle Matadero, más o menos donde está la rampa de bajada a la playa, y directamente se comió con todo su cuerpo uno de los bancos de piedra que están jalonando todo ese camino. El crío se cayó al suelo y ya no se pudo levantar. Enseguida un grupo de personas nos acercamos a atenderlo y mientras unos llamaban a la ambulancia, otros contactaron con su familia porque el chaval no sentía una de las piernas y se quejaba de una rodilla.

Tirado, boca abajo, y sin poder casi hablar por el dolor, todos los que allí estábamos no dejamos de pensar que esos accidentes siempre pueden evitarse y que cada vez es más difícil moverse con normalidad por el paseo, que se ha convertido en un París-Dakar en el que ya no sabes si te va a atropellar un patinete, si un ciclista va a comerse un banco o si un niño puede ser arrollado por ambos.

Si hay un carril bici debe estar bien trazado, sin marquesinas por el medio, sin farolas por el medio, sin bancos por el medio y con todas las garantías para quienes lo usan. Y si no hay un carril bici o no le podemos llamar así, entonces lo lógico es que se controle el uso de vehículos, sean del tipo que sean, por unos tramos que no dejan de ser más que aceras. Pero en Coruña está llegando a un punto el tema en el que dentro de poco seremos también los peatones los que tengamos que salir a la calle con casco por temor a todos los posibles accidentes.

Si no lo que nos encontraremos día sí y día también -y quiero exagerarlo un poco- es una ambulancia atendiendo a alguien. La del pasado domingo llegó a tiempo y todos nos sentimos aliviados cuando vimos que el chaval, del que no sé ni su nombre, iba acompañado por su padre de camino al hospital. No supe más de él, no sé si se rompió la rodilla y si está ingresado. Pero espero que esté bien, que se haya recuperado de su lesión y que pronto también disfrute de su bicicleta por la mejor de las rutas. El carril del paseo, mientras esté así, es difícil que alguien lo coja sin miedo a un golpetazo. No tengo estadísticas ni sé cuáles son los tramos más peligrosos de todos esos kilómetros para los ciclistas, pero apuesto a que este es uno de los puntos negros.

Esperemos que la historia del chico que se comió el banco en el paseo sea la última.

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