La semana pasada en Oviedo, el director Martin Scorsese aseguraba que el arte es siempre frágil. Que se critica, se margina y a menudo se trata como si no fuera esencial para la vida. El arte, la creación, es para mucha gente (lo ha sido siempre, en todas las épocas), algo secundario. Para otros, como Scorsese y como muchos mortales comunes y menos creativos, es primordial. Por eso resulta tan doloroso saber que un museo echa el cierre. Algo más de dos meses, y la luz del Museo de Arte Contemporáneo de Naturgy, el Macuf de Fenosa, para entendernos, desaparecerá. Qué importantes son las palabras. Naturgy. Fenosa. Esa empresa a la que seguimos pagando el recibo eléctrico pero que ha ido cambiando su nombre y su logo hasta perder todo lo que tenía de gallega. Que el capital no tiene patria ya lo habíamos aprendido. Ahora queda claro que por el camino ha perdido el espíritu de apoyo a la creación, se ha esfumado.
A dónde irán ahora a parar los fondos. Esa colección hecha con mimo que no solo nos enseñó a los adultos los nuevos (y muchas veces extraños) caminos del arte, sino que se convirtió en un espacio clave para los más pequeños. El retaco de la casa fue de excursión y volvió encantada. No recordaba una sola obra, pero molaba. Palabras textuales. Qué importante es que los niños aprendan cuánto mola el arte, en realidad. O quién era Eduardo Arroyo, que murió hace hoy diez días, cuya obra cuelga también de las paredes del MAC.
Cierra sus puertas el museo y piensas con cierta culpabilidad hace cuánto tiempo que no vas, cuál fue el último de los cursos a los que no tuviste tiempo de anotarte. Y cuánta oferta creativa, cultural y desafiante nos perdemos por culpa del reloj, del calendario, de las obligaciones, hasta de la pereza.
La antigua Fenosa negocia con la Xunta para que la colección se quede en Galicia, contaban ayer Alfonso Andrade y Héctor Porto en estas páginas. Cabría preguntarse cuánto de cada gallego, de cada coruñés, hay entre las paredes blancas del museo como para que no nos corresponda seguir atesorando sus fondos. Pero parece inevitable que la colección se reparta. Y que la ciudad dé la bienvenida al 2019 con un museo menos. Con la que está cayendo, a mucha gente le parecerá una banalidad el lamento. La fundación de esa empresa (cuyo nombre no sabemos pronunciar los que pagamos sus recibos) quiere centrarse en la eficiencia energética y la acción social. Los coruñeses perderemos por el camino toda la eficiencia artística y toda la acción cultural que durante estos más de veinte años había generado el MAC. O el Macuf. Qué frágiles son los nombres. Como el arte, que a este paso a nadie le parecerá esencial para la vida.