Miradas curiosas e invitaciones a circular por la calzada

t. s. A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Mensaje para todos aquellos que quieran pasar de forma discreta por la calle: en patinete eléctrico no. Al menos de momento. Ahora atrae las miradas como el imán al hierro. Los cuellos se giran, no todos, algunos ya han visto unos cuantos de estos artilugios, pero en general aún concita una curiosidad que irá mermando con el paso de las semanas. En la probatura hemos discurrido por el carril bici, atendiendo a las recomendaciones de la empresa de alquiler, pero también se han despertado recelos entre algún ciclista, cuyo agresivo adelantamiento llevaba implícito el mensaje que podría lanzarle el abejorro a la velutina: tú aquí no. Pero el caso es que yo aquí sí, me lo han dicho. De momento no puedo volar como la avispa asiática ni el abejorro, así que neumático a tierra. Un poco más adelante, a la altura del Matadero, una mujer se queda hierática cuando me ve venir -juro que voy muy despacio-, y cuando la tengo a diez metros alarga el brazo hacia los carriles y me grita: «Tú por donde los coches». Me es más fácil avanzar lento -la velocidad es muy fácil de regular con un mando que envuelve el manillar de la mano derecha-, que pararme a explicarle que aquello no es una moto, que es un patín para vagos, muy estable, por cierto. La amortiguación no es el fuerte de este vehículo, que traslada la rugosidad del suelo cuando nos salimos del carril bici (no es infinito). De regreso al punto de partida el piloto va a tope (25 por hora) y de repente oye a su espalda: «Pero, ¿qué fai unha moto polo medio do paseo marítimo?».