Cuándo habrá guateque en Green

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He vuelto con ganas de fiesta y con ganas de bailar, me apetecería que de pronto alguien me dijera aquella frase que me levantaba el ánimo a los 16: «Oye, que mañana hay guateque en Green». Y que mañana de verdad nos juntásemos como entonces para bailarlo todo, porque hay un momento (y no me quiero poner vieja pelleja) que la gente queda para tomarse un vino, para beberse una caña o para cenar. Pero a mí lo que me gustaría es bailar sin el pudor que de pronto nos echan los años encima. Y con esa sensación un tanto Imserso que se empieza a generar cuando dices en un corrillo que ronda los 50 que te irías directamente a la pista a bailar tus clásicos: Boney M, Miguel Bosé, Alaska, Gloria Gaynor, Tequila, Michael Jackson... ¡Oh, Milagro! Cada uno se visualizará a sí mismo con un tema particular, pero yo que estoy en un momento muy Paulina de la Mora («Se me olvidó canselar el mariachi») no puedo quitarme de la cabeza aquella canción de la mexicana Yuri que en los ochenta convertía el salón de casa en una discoteca: «Ese amor no se toca, no insistas porque yooo te negaré mi bocaaa». Son esas canciones que suenan de pronto y te sacan una sonrisa. Yo si hago memoria y me veo camino de Green no puedo dejar de oír «Y cien gaviotas dónde irán, dónde irán», pero hay otros que cantarán seguro aquella de «sube al coche reina de la noche, olvida tu mal humorrr», o «We‘re walking like in a Dolce Vita, nanananá».

Tiene su gracia que nosotros aún viviésemos la palabra guateque, tan viejuna hoy, con la modernidad de entonces, con la movida de entonces, que alejaba el significado de las fiestas caseras de la generación de los padres (bailando a Adamo) y que en los ochenta y principios de los noventa cuajó como pocas entre los más jóvenes. En aquel tiempo el botellón, que rima con reguetón, no existía como lo concebimos ahora, así que el guateque nos abría otras oportunidades deliciosas. Era la forma de socializar en una Coruña que gracias a las fiestas de los colegios y los institutos arrancaba el fin de semana en viernes. Los viernes de tarde que acababan a las diez y que permitían recaudar a los estudiantes dinero para las excursiones (además de otro tipo de recaudaciones vitales más interesantes). De modo que si un día eran los de Salesianos los que montaban la fiesta, a la semana siguiente eran los de Dominicos o las del Femenino o los de Jesuitas o los de Maristas... Y por supuesto, no todos valían lo mismo en ambiente porque siempre hubo quienes tuvieron más reclamo. Pero hoy podríamos darnos todos el nombre y el apellido sin fallo, todos estuvimos ahí y tuvimos la suerte de compartir la etapa de los guateques: los de Chaston, los de Pirámide, los de FoxTrot o los de Punto 3. Ya me gustaría que mañana hubiera uno en Green y echar a volar esas cien gaviotas. ¿Dónde irán?

Autor crÓNICAs Coruñesas

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