Los paraguas no son para el verano

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

ANGEL MANSO

Nos ponen de mal humor los paraguas fuera de temporada. Parece que en otoño o en invierno tenemos el cuerpo y la casa y las tiendas preparadas para la lluvia. Pero a finales de primavera, a punto de llegar el verano, se nos ha instalado en el humor la alergia al agua. Y andamos grises y malencarados, como si los demás no se mojasen tanto como nosotros.

Hemos llegado a un punto en el que ir de compras y encontrar el dichoso aviso de que el suelo resbala nos pone de peor uva que antes de pisar el comercio. No necesitamos que nos recuerden que no para de llover: entramos, buscamos un paragüero, nos lo encontramos lleno. Aparece una de esas máquinas del demonio para meterlo en una bolsa y claro, no entra. Nunca. Hay que ser un experto para conseguir que el paraguas entre en la bolsa y la bolsa salga entera. Y aunque lo consigamos, iremos dejando un reguerito de agua a nuestro paso. No es de extrañar que el suelo sea más peligroso que un lago helado. Nos llevamos el paraguas en la bolsa, y acabamos con las manos mojadas, la ropa mojada y el humor por las baldosas, como los restos de lluvia que nos acompañan de nuevo hasta la puerta. Saca otra vez el paraguas de la bolsa, y vuelta a las manos mojadas. Aunque casi es peor si consigues dejarlo en el paragüero: como hay una especie de conjura meteorológica, el tuyo será el que se quede en el fondo, o el que se enrede con todas las varillas de los demás. Si consigues sacarlo, te habrás mojado las piernas, las manos, el abrigo, y el poco buen humor que te quedaba.

Lo mejor que puedes hacer es intentar coger un bus entonces. Porque si diluvia, la cola para subir se convierte en un dilema. Qué hago con el dichoso paraguas. Lo cierro y me mojo pero no choco con nadie. Lo dejo abierto y llego seca pero soy la peor vecina de cola posible. Habría que pedirle a Tranvías que añada una viñeta más a la guía de buen comportamiento en el bus. Esa que dice que respetes la cola, no hables con el conductor, no des golpes con la mochila y esperes a que el bus frene para lanzarte a la puerta.

Necesitamos que nos editen una guía de buenas prácticas del paraguas. Aunque solo sea de aplicación durante los meses de tortura preestival, esa en la que no somos capaces de ocupar la misma acera que el prójimo sin que nos choquen las varillas o nos llevemos una que otra ducha procedente del artilugio del compañero de paso de peatones.

Eso, o que se cumplan las previsiones y mejore el tiempo. Ya no pedimos que sea verano, de verdad. Solo que escampe un poco. Lo mínimo para no organizar una rebelión contra las máquinas de envolver paraguas. Por el bien de todos.