Te lo digo a ti: Vetusta Morla son un grupazo

Javier Becerra
JAVIER BECERRA A CORUÑA

A CORUÑA

Pucho, cantante de Vetusta Morla, en un momento del concierto
Pucho, cantante de Vetusta Morla, en un momento del concierto María Macías

El grupo madrileño arrebata a 8.500 personas en el Coliseo de A Coruña en un concierto mayúsculo con maneras de banda generacional

13 may 2018 . Actualizado a las 18:05 h.

Ocurre poquísimas veces, pero ocurre. Un banda surgida en la más estricta independencia musical crece y se convierte en algo enorme. Cuando ayer 8.500 personas con el pecho inflamado coreaban Los días raros en la recta final de su concierto en el Coliseo de A Coruña, la cosa invitaba a las grandes comparaciones. ¿Son Vetusta Morla nuestros REM? ¿O, mejor, el equivalente a Arcade Fire en España? Hagan juego. ¿Prefieren quizá, jugando en casa, decir que se les podría considerar los Radio Futura de esta generación? ¿Exageración? ¿De verdad? ¿Seguro? Ojo, los últimos interrogantes pueden demostrar una cosa: no haber estado anoche en el multiusos coruñés.

El recurso de los paralelismos grandilocuentes no busca parecidos, solo significados. Demuestra que nos encontramos ante algo majestuoso. Lo sabíamos. Por sus discos y pases anteriores en la ciudad. Pero ayer la cosa se desbordó con un concierto de esos que aturden. De terciopelo, bofetón y grito. De emociones penetrando en los poros de la piel y fuerza que sale al exterior con el puño apretado. De flipar, en definitiva y sentir esos arañazos de placer que la música proporciona en ocasiones. Como los de los grupos antedichos. Como los de los grandes nombres entre los cuales figura el suyo, logrando llenar aforos que, en esta ciudad, solo estaban al alcance de Melendi, Alejandro Sanz, Pablo Alborán o las grandes estrellas internacionales.

Tocaba presentar Mismo sitio, distinto lugar en este tramo inicial de la gira. Igual que ocurre en el disco, el grupo ha diseñado un concierto de esmerada narrativa. Curiosamente, arranca por el final de la grabación. La canción homónima, la que le pone fin al álbum, inauguraba con solemnidad las puertas del recital. La ramificaciones de colores se proyectaban a las espaldas del grupo, donde minutos antes se podía leer en la misma pantalla un mensaje «Solo sí es sí» en clara alusión a la sentencia de La manada. Ya en concierto, entre esa música circular, con esas chiribitas hipnóticas y esa sensación de de intimidad para multitudes, se abría la puerta a dos horas de pura ambrosía musical.

El guión marcaba un camino por el nuevo elepé. Pero también ecos muy directos de La deriva (2014), con el que conecta espiritualmente. Con El discurso del rey llegaba el primer estallido, especialmente con ese final guitarrero y acelerado fundido en la iluminación deslumbrante. Con Golpe maestro el torpedo pop resultó definitivo. Modificado por la coyuntura del momento, con Pucho proclamando fiero que «la justicia no para de apestar» y que «no nos dejaron ni pensiones que aumentar», se dibujaba la línea perfecta entre aquel ayer y este hoy: el mismo sitio, distinto lugar. Ellos triplicando el público que habían logrado en su anterior visita al Coliseo y un paisaje de fondo al que entonces se dirigía la furia y ahora el sarcasmo.

El Coliseo se llenó para Vetusta Morla que hace cuatro años no habían logrado pasar de las 3.000 personas
El Coliseo se llenó para Vetusta Morla que hace cuatro años no habían logrado pasar de las 3.000 personas María Macías

Pronto Copenhague validó su condición de canción generacional. En A Coruña sonó por primera vez en el festival Alter 08 en Expocoruña. Entonces muchos se sintieron desbordados al ver cómo un grupo que se autoeditaba los discos ponía a cantar a 2.000 personas. Se trataba de solo un indicio de lo que podría llegar. Por las gradas del Coliseum, de arriba a bajo, sonó a magia, fotografías juveniles y otros tiempos por los que han pasado ya diez tacos de calendario. Un estribillo como «Dejarse llevar suena demasiado bien / Jugar al azar / Nunca saber dónde puedes terminar / O empezar» acompañado por miles de gargantas invita también a acudir a los referentes mayúsculos. ¿Alguien dijo Radiohead por ahí?    

Fuego, Guerra Civil, La vieja escuela... las piezas se sucedían en una escenografía mayúscula que las amplificaba. Y en casos concretos, como Punto sin retorno, directamente la subía a las estrellas girando en espirales y guitarras tintineantes. Se trataba del último momento para el recogimiento antes de una traca final de órdago. Primero, con La Deriva. Después, con Mapas al trote. Finalmente, volviendo a los primeros días con Sálvese quien pueda y Valiente, donde la sacudida se extendió por la grada levantando al público. Si el concierto merecía una fotografía ahí estaba: Pucho eléctrico, entrando en éxtasis ante una audiencia conectada a la misma fuente de alimentación. En ese estado arrebatado, enganchar con Te lo digo a ti, supone girar la manilla aún más. En directo el single se transformó en una auténtica barbaridad.

El concierto gozó de una cuidada puesta en escena
El concierto gozó de una cuidada puesta en escena María Macías

«Mil gracias por aceptar los retos que os proponemos, mil gracias por transformar nuestro hogar», decía el cantante en unos agradecimientos que no parecían nada formularios. Lo de ayer en el Coliseo (y lo que se está pudiendo ver en otros recintos de España y Latinoamérica) tiene mucho de milagro, de «pellízcame por favor» y de victoria de una manera de entender la música que rara vez triunfa de ese modo. Sí, como REM, como Arcade Fire, como Radio Futura, como esos grandes artistas que abren sus alas ante miles de personas entregadas a ellos con los brazos en alto. En el bis tras, ummmmm...., pasear sin tocar el suelo por ese ingrávido Consejo de sabios, llegó Los días raros y con ella el sumun.   

Imposible pretender capturar ese momento con un móvil. Sería como filmar un orgasmo en pleno derroche de amor carnal cuando el cuerpo levita. Ante cosas así, no queda otra opción que vaciar la mente. Entregarse. Convertirse en lazos delante del ventilador. Y terminar con esos oh, oh, oh finales, de pasión, apoteosis y gloria. Los que dibujan tirabuzones de emoción. Los que surten escalofríos por la piel. Los que generan esa cosa estremecedora que, de cuando en cuando, propicia la música pop. Ayer ocurrió todo eso ante miles de personas, que lo validaron todo. Por eso resulta obligado subrayarlo, para los que no pudieron estar. Con su estilo. Así que, como cantan ellos, te lo digo a ti: Vetusta Morla con un grupazo.