El pasado lunes, Sonia Cedeira y su familia pasaron un mal trago del que tardarán en recuperarse. A su hija Pilar, de 7 años, la atropellaron al salir del colegio. Sonia iba con ella y con su otro hijo, Samuel, de 4 años. Empezaron a cruzar el semáforo que está junto al colegio de Prácticas, en la zona de Náutica, en el que tiene a sus hijos matriculados. La luz se les puso en verde, pero el coche que venía no vio que la suya estaba en rojo y siguió recto.
Al pequeño tuvo tiempo de apartarlo, a la mayor no, y acabó debajo del coche, con una pierna rota con herida abierta. «Menos mal que pasaba por allí un médico corriendo y se paró para ayudarnos», cuenta. «Después del accidente ni me fijé en el conductor, me concentré en mi hija», apunta. Su hija necesitará varias operaciones para reconstruir el hueso.
Fue un accidente, y la culpa, del coche que se saltó el semáforo, pero Cedeira considera que se podrían mejorar las cosas. «Creo que se podría hacer mucho más para aumentar la seguridad -cuenta- yo pondría policía a la entrada y a la salida de los niños, además, los buses aparcan en el paso de peatones y no se ve para cruzar», dice. El concejal de Mobilidade, por su parte, manifestó el sábado que ya se están estudiando actuaciones, no solo frente a ese centro, sino en otros del entorno.
Considera Cedeira que además hay que cambiar hábitos, y que no puede ser que los padres aparquen en triple fila para dejar a sus hijos. A eso, dice, también hay que ponerle solución.
Más allá de la desgracia del atropello, Cedeira aprovecha para criticar otras cosas relacionadas. Por ejemplo, su hija perderá la plaza en las actividades municipales a las que iba -natación y patinaje- porque no podrá ir a las clases durante un tiempo, «y después no tengo garantía de que pueda volver». Lamenta también que los ascensores para camas del Materno estuvieran estropeados el lunes, con las molestias que eso le supuso a su hija.