«Hay gente que pinta las uñas de sus perros»

Mariano Chico, de la Escuela Cruz de Calatrava, dice que se humaniza demasiado a los animales

MARIANO CHICO, DURANTE UNA SESIÓN DE ADIESTRAMIENTO DE PERROS
MARIANO CHICO, DURANTE UNA SESIÓN DE ADIESTRAMIENTO DE PERROS

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 No es fácil educar un perro. Que se lo digan a Mariano Chico Millán, gerente y responsable de la Escuela de Formación de Guías Caninos Cruz de Calatrava, ubicada en Montrove y dedicada a la reeducación de estos animales así como a la formación de adiestradores. «Aquí vemos de todo, pero el principal problema es la humanización que se les da a los perros, algo que los convierte en agresivos o en animales con miedos, fobias e inseguridades», explica este experto.

Mariano Chico nació en Ciudad Real, algo que explica el nombre de su escuela. Durante diez años fue criador y realizaba adiestramientos en los domicilios de sus clientes, hasta que decidió dar el salto y crear una sede física de su empresa con una escuela. Explica que ha visto casos de todo tipo, pero el fallo más común en los dueños de las mascotas es que llegan a casa como un regalo y la familia no sabe que a un animal hay que educarlo: «Al final, el animal se convierte en un consentido, en un tirano. He visto a gente que incluso les pinta las uñas de colores a sus perros, o los peinan y les ponen coletas, e incluso los meten en cochecitos de bebé para que no anden o se manchen las patas. Todo eso genera estrés y ansiedades en el animal. También hay perros que se quedan encerrados en casa todo el día, horas y horas… y eso acaba provocando en ellos ansiedad por separación, lo que suele conllevar conductas destructivas». Explica que los canes necesitan espacio y ejercicio diario. «Hay razas que son más ansiosas que otras. Pero necesitan salir, correr y respirar. Hay que quererlos, sí. Pero no son muñecos», reivindica.

Este proceso de humanización es algo generalizado hoy en día y es la otra cara de la moneda de algo que, por desgracia, sigue ocurriendo, como tener atado un perro con una cadena desde que nace hasta que muere, como supuestos guardianes de una casa o una finca. «Ahora se produce el otro extremo», critica Mariano.

La adopción, a los 4 meses

En el caso de que una familia quiera adoptar un perro, recomienda recogerlo a partir de los 4 meses, cuando la madre del cachorro ha tenido oportunidad de aleccionarle. «Así, muchas conductas que tienen después los perros desaparecerían». Aconseja también que se elija una raza en función del estilo de vida de cada familia. «Una mujer que pese 50 kilos no podría dominar físicamente un rottweiler, por ejemplo. O un border collie, que es bastante sensible emocionalmente, no compatibilizaría bien con una persona con mucho carácter. O un galgo no se sentiría cómodo en un piso de 50 metros cuadrados, que es un perro que necesita mucho ejercicio físico», explica. Por otro lado, adoptar un perro en una protectora de animales a veces tiene sus inconvenientes, ya que pueden presentar problemas conductuales por abandono o maltrato. «Lo que no recomiendo es regalar un perro. Creo que la llegada de un animal a una familia debe ser por consenso y sabiendo las responsabilidades, los gastos y los sacrificios que eso conlleva», indica.

Mariano Chico comenta que la mayoría de los dueños de perros con problemas de conducta que llegan a su escuela lo hacen porque su mascota tira de la correa, está mal sociabilizada o tiene conductas agresivas. «Mucha gente lo que haría sería deshacerse de su mascota conflictiva y comprarse otra, pero esos animales con nosotros tienen otra oportunidad», indica. Lo primero es hacerles un diagnóstico psicológico y, después, desarrollar un plan de tratamiento que precisa la implicación del dueño. De hecho, algunos tratamientos pueden durar seis meses o un año. «La gente no quiere esperar, quiere una solución inmediata. Pero los perros también necesitan tiempo para curarse. Y en algunas ocasiones incluso es necesario suministrarles ansiolíticos. Muchas personas no aguantan tanto tiempo y tiran la toalla antes de terminar el proceso, por lo que las conductas inadecuadas persisten». En este sentido, indica que la implicación del propietario es fundamental y que el tiempo de curación siempre depende de esa involucración. Por ello, Chico explica que a veces su función es más bien «educar a personas no a perros, porque así es cómo se consigue que un perro sea feliz».

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