«Informar o mentir, entre esos extremos nos movemos todas las profesiones»

Alberto Foyo y Nuria Prieto han dedicado tres años a un proyecto destinado a la creación de una casa para 1,7 millones de personas en Gaza

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a CORUÑA / LA VOZA

Alberto Foyo y Nuria Prieto han dedicado tres años a un proyecto destinado a la creación de una casa para 1,7 millones de personas en Gaza, que la semana pasada los trajo a dirigir un taller con alumnos de Arquitectura sobre cómo intervenir en una antigua calle de la ciudad devastada.

Pregunta. ¿Cómo se crea una casa para 1,7 millones de personas?

Alberto Foyo. Cambiando la escala. La ilusión es demostrar que tiene la misma dificultad diseñar una casa para un perro que para 1,7 millones de personas. Lo importante es la conceptualización, el diagnóstico. En manos del arquitecto una casa es un hábitat. La casa y lo que está alrededor, las circunstancias sociales, lo visible y lo invisible...

Nuria Prieto. Es un concepto que se ha ido desarrollando en urbanismo desde hace siglos. Al estudiar los núcleos rurales, por ejemplo, el hábitat no son solo las casas, también son las huertas, otra construcción del hombre. La disociación entre construido y no construido no existe.

P. ¿Por qué eligieron Gaza?

A. F. La contestación más sincera es porque creo que los arquitectos en el siglo XXI tienen que aceptar que lo que en otras épocas eran zonas exóticas, como Gaza o la jungla del Amazonas, hoy son el patio trasero de la humanidad. La arquitectura se ha divorciado de las cuestiones sociales. Nos hemos quedado retrasados y en realidad no podemos ayudar más que a construir hoteles de cinco estrellas y museos sin contenido, porque se acaba el dinero.

P. ¿Habla de volver a la política?

A. F. El arquitecto tiene que volver a ser político, pero reconceptualizando qué significa (...) El arte de lo posible, dijo Churchill, y me parece bien, a sabiendas de que era un demagogo. Si reducimos la noción de lo posible al mínimo, mínimo, llega un momento en que la definición de la política también es mínima, mínima, incidental. A mí me molesta mucho y me atañe mucho, como arquitecto, que nos roben las palabras. Primeros nos roban las palabras y luego nos roban el significado, decía el filósofo. La política se está convirtiendo en el arte de los contables y eso el arquitecto no lo puede aceptar. El periodismo tendría mucho que añadir a eso. Y la publicidad, una disciplina que podría ser increíble para el beneficio de la humanidad, para que el lenguaje nos sirva para avanzar y no para retroceder. Hay dos posibilidades, informar o mentir y engañar. Y entre esos dos extremos nos movemos todas las profesiones.

P. Es sorprendente que diga eso, porque la arquitectura tiene su propio lenguaje, el dibujo.

A. F. Eso es precisamente lo que estamos intentando hacer.

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«Informar o mentir, entre esos extremos nos movemos todas las profesiones»