Hazte un hueco en la playa


Empieza la temporada de playa, así que es el momento de organizarse para disfrutar del sol, por eso hay que tener previstas ciertas recomendaciones. Ya lo hemos dicho aquí, cada playa en Coruña tiene su target, por lo que no se te ocurra meterte a los 16 años en Matadero porque cuando empieces a oír las conversaciones sobre el colesterol o de qué está hecho el bocadillo saldrás huyendo. Dicho esto, lo primero es hacerte un espacio cuando hay abarrote, y es ahí cuando debes aguzar el ingenio. Que no es lo mismo que uno baje solito, con su bañador y sus gafas, que tener que ajustarse al modo madre de quien llega a las seis con tres criaturas, sus meriendas, sus mochilas, sus cubos, sus balones y todos sus «sus».

Es ahí cuando ni el bolso de Mary Poppins da tanto de sí como tu bolsa, que lo tiene todo bien organizado: las cerezas en el táper, el agua fresquita con su hielo, los pañuelos, los bañadores «por si» y la crema protectora a la que ya no le puedes sumar más factores. Porque si en los 70 la Nivea azul nos hizo sobrevivir a los veranos, ahora los embadurnamos tanto que algunos parece que van a una fiesta ibicenca. Un factor de protección más y ya es casi yeso. Pero que no se me enfaden los médicos, que será por echarles crema. Una puede tardar en untar a tres y a sí misma casi la media hora de sol que queda antes de que baje la niebla, y la otra media es para hacerse un hueco. ¿Cómo? Recurriendo a esos trucos que hemos heredado del minifundio gallego. ¡Me río yo de la parcelaria! Venga: una toalla aquí; la sombrilla en modo torre de Pisa (abarca más) tres metros allá; una chancla suelta a la derecha; una mochila seis metros más arriba; un cubito a la izquierda y cuando te das cuenta tienes casi un terrenito para edificar, si lo aprueba el PXOM. Eso mientras miras a un lado y al otro como si nada, porque hay quien se atreve en ese tiempo a hacerte competencia y elevarse como constructor diseñando con sus manos una fortaleza para que nadie meta el pie. Existen, además, los expertos que montan el dúplex. El piso de abajo cuando la marea está baja, con su pareo de cuatro por cuatro, donde caben seis, pero que solo usa uno; y el piso de arriba para cuando suba el agua. De tal forma que cuando llega la ola, el tipo hace la mudanza sin tu estrés, con la seguridad de que en el rincón tiene su otro hogar: con su hinchable para la cabeza y su parcela.

Hay gente que yo creo que hace un máster de arquitectura antes del verano solo para esto. Claro que no cuentan con nuestros vigilantes de la playa, nuestros Mitch Buchannon de Monte Alto, que pegados al paredón tienen allí su propiedad. Son los que cuando llega uno de fuera para montar el chiringuito le pisan el pie solo con la mirada: «Shsss, ahí no». ¡Viva la playa!

Por sandra faginas Coruñesas

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