El 11 de febrero de 1903 boicotearon la venta de pescado para la ciudad por la modificación del impuesto de consumo
29 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.No comprar nada. Ese era la intención que tenían la mayoría de las pescaderas coruñesas. Estaban muy enfadadas por el cambio introducido en la recaudación del impuesto de consumos sobre el pescado que se compraba en el puerto para después venderlo al por menor en las plazas de la ciudad. El gobierno central había determinado que se hiciese al peso y no por pieza, como tradicionalmente se verificaba. Esa variación provocó un fuerte incremento de lo que tenían que pagar. El primer día en que se puso en práctica esa medida, el 10 de febrero de 1903, las pescaderas quedaron espantadas: la cesta de 27 merluzas que antes devengaba 20 reales ahora pagaba 12 pesetas de consumos. De los lamentos iniciales pasaron a la rabia y a la acción. Los periódicos relataron lo sucedido.
La mañana del 11 transcurrió con relativa tranquilidad en muelles y plazas. Entraba muy poco pescado y grupos de pescaderas vigilaban rezongando amenazadoramente «hoxe aquí non se compra». Todo cambió a la tarde. A las 4 arribó a la rampa de Garás (hoy Linares Rivas) una trainera con sardinas que según sus tripulantes estaba destinada a salir fuera de la ciudad. Sin embargo, bajo cuerda, las vendieron a varias pescaderas que, tras pagar los consumos, las pusieron a la venta en el mercado instalado en el lugar de El Penal de Santa Lucía, así llamado porque la zona era una gran peña (estaba en la parte superior de la actual escalinata de Santa Lucía).
Exaltadas al enterarse, numerosas pescaderas fueron hasta allí y arramblaron con el pescado, destrozándolo y tirando después sus restos al mar. Nadie, ni la policía, ni la Guardia Civil, que presenciaron la escena, se atrevieron a enfrentarse a su furia.
Un nuevo aviso las movilizó: un falucho se aproximaba al muelle de Montoto. Unas 200 pescaderas corrieron desaforadamente a esperarlo. Traía abadejo para vender pero con amenazas e improperios los obligaron a abandonar el puerto. Después fueron llegando más traineras a Garás siendo recibidas con gritos y advertencias. Su iracundia hizo que ningún pescado se vendiese para la ciudad y solo fuese adquirido para enviarlo a Madrid o para los freideros de pescado y fábricas de salazón. Llegó la noche y cesó todo movimiento.
Sindicato de traineros
Para tratar el asunto, el sindicato anarquista de traineros, La Humanidad libre, convocó una reunión que se celebró a las 8 de esa noche en el local de la sociedad Germinal. A ella acudieron muchas de las soliviantadas pescaderas. Fueron recibidas con alegría, aunque Manuel Suárez, dirigente de los traineros, les reconvino sobre la importancia de asociarse y de participar en la lucha solidaria de todos los obreros contra la explotación, lucha en la que en muchas ocasiones no estaban las mujeres.
Después de recomendar que nadie saliese a pescar, preguntó a las pescaderas si se iban a sumar al mitin y el paro general que se iba a celebrar al día siguiente en apoyo de los metalúrgicos en su reivindicación de la jornada de 8 horas. Todas respondieron que sí. Entre grandes aplausos aprobaron no salir a pescar y no comprar ni vender pescado. Continuará.
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