Los adictos al helado están en plena floración. En cuanto sale el sol y las heladerías de la ciudad se ponen de largo, da igual que sea abril o junio, se les nota un gesto especial que hace que los distingas como a un muggle en un colegio de magia y hechicería. Una legión imparable que está claramente posicionada en bandos irreconciliables: es la versión veraniega del chocolate con churros de Bonilla y el Timón de mi compañera Sandra Faginas.
En las últimas dos semanas, dos amigos me han mirado como si estuviese loca después de decir que prefería el helado de chocolate de un lado y no del otro. «Te equivocas de sitio», me decía uno, «quieres decir el de la derecha, ¿verdad?». Y me sentí de repente en plena decisión de Sophie, qué angustia entre las dos colas que avanzaban frente a mí. Que una no es muy de helados, así que tampoco se apasiona con esto de la guerra Colón- Bico do Xeado en la que me han metido sin preguntar, ¡pero que no me hagan elegir, que me estreso!
La cola de la Colón doblaba la esquina y la de Bico llegaba a los soportales. Sospecho que algunos, como yo, escogieron una y no la otra como en el súper, y no por gusto, sino por esa intuición que te hace pensar que esta cola va más rápido que la otra. Intuición, claro, que siempre falla. En los helados también.
Porque la cola iba lenta y estaba llena de niños escogiendo sabores a gritos, mientras la otra parecía ir (otra vez como en el súper) mucho más rápida, aunque seguro que los de la otra pensaban lo mismo que yo. Claro que si la mayoría esperaban su turno con esa fe ciega en su heladería de confianza, en realidad debían de mirar a los que salían con su tarrina o su cucurucho, unos metros más allá, como si fuesen unos pringados que aún no habían sucumbido a los encantos del coco, el chocolate, las fresas o las frutas tropicales de la puerta contraria. Unos pobres incautos, los otros.
Somos muy de bandos, en invierno y en verano, aunque esto va a tener algo que ver con la edad: cuando eres pequeño, ¿de verdad te importa mucho de dónde viene el helado? Si en realidad lo que más feliz te hace es un Frigopie o un Colajet o cualquier chisme fresquito e industrial con un palito de madera.
Tardarás mucho más tiempo en agradecer el sabor a las frutas de verdad, a un chocolate decente, a una buena nata. Y tendrás toda la vida para decidir de quién vienes siendo, y para mirar por encima del hombro a los de la heladería contraria.
No soy muy de helado, no, pero ahora que parece que se ha ido la lluvia, voy a ver si les queda de chocolate en la de la izquierda. Y ya otro día les cuento desde qué lado de la calle hablo.