Más allá de Ex-alcohólicos

Rebautizada como Utaca, Unidad de Tratamiento del Alcohol y Conductas Adictivas, la casa azul del Birloque atiende a los atrapados por las drogas «legales»


A Coruña / la voz

«Yo, menos el inglés y un poco de matemáticas, del resto ya estoy al día de casi todo», bromea Fernando. Es uno de los pacientes de Utaca, la Unidad de Tratamiento del Alcohol y Conductas Adictivas, que así se denomina ahora la casa azul del Birloque que todo el mundo conoce por Ex-alcohólicos. «Decidimos cambiar la denominación primero por usar una terminología exacta, porque esto es una unidad asistencial de tratamiento integrada en el servicio de salud mental del Chuac, para evitar confusiones y huir además de palabras con un componente peyorativo», explica Niceto González, psicólogo del centro.

Fernando es uno de los casi 900 pacientes que cada año entran con la tarjeta del Sergas para recibir atención médica y social. En su caso, se le presta asistencia sanitaria y asiste con su hermana Pilar a las clases de lectoescritura y competencias clave que se imparten dentro de los muchos programas que apuntalan la salida de la adicción. «A mí me viene estupendo venir todos los días», resume quien arrastra años con un problema vital.

El alcohol no es la única dependencia que ven en el centro. Desde hace más de 30 años tratan las ludopatías, porque cuando empezó el bum de las tragaperras se vio que hasta el 30 % de los alcohólicos acompañaban la botella con el juego. Además, Utaca es hoy el centro de referencia para el tabaquismo y, más recientemente, para todas esas adicciones denominadas legales y, curiosamente, no tóxicas por no estar ligadas a una sustancia, desde a las compras, al sexo, a las apuestas, a Internet...

«Tenemos muchos frentes abiertos», resume González sobre un centro que se reinventa no solo de nombre y que procura dar respuesta a problemas ligados a los tiempos que toca vivir.

El cambio de denominación va más allá. Detrás está el propósito de un equipo formado por ocho profesionales (gerente, médico especialista, dos psicólogos, trabajadora social, informático, administrativo y profesora) que han de hacer frente a problemas que a menudo cuesta reconocer para tratar de ponerles freno, variables como lo es la tendencia humana, y para los que, aunque también, no basta solo con una pastilla. «Una conducta adictiva puede que no siempre desmorone físicamente a la persona, pero sí socialmente», resume.

El «binge drinking» y la crisis modifican el perfil tradicional del usuario

En un centro que atiende tanto al que llega empujado por la familia, como al derivado por el médico de primaria, el especialista o los servicios sociales, han ido viendo modificaciones en el perfil de los usuarios y adaptan sus programas, individuales y grupales, a cada caso. «Notamos que ha ido cambiando la pauta o manera de beber», indica González.

Así, junto al bebedor excesivo regular con años de consumo, dependencia y afectación física importante y que no puede dejarlo sin intervención médica controlada a riesgo de morir en el intento, ven también bebedores exprés o víctimas del binge drinking, el atracón de alcohol primo-hermano del botellón. Entre estos, hay gente más joven. No consumen todos los días ni habitualmente, pero cuando lo hacen, pierden el control y sufren problemas conductuales a veces severos. «Buscan el efecto droga, no tanto beber para socializar sino para colocarse, son personas para nada marginalizadas y a menudo acaban metidos en problemas, por peleas, por tráficos, violencia...», cuenta.

También han comprobado la influencia de la crisis que desestructura existencias organizadas y desemboca con el parado buscando refugio a la sensación de inutilidad en la copa. «Antes se asociaba más a las mujeres que bebían solas en casa, muchas veces con otra patología psicológica; ahora hay muchos hombres de mediana edad que han perdido el trabajo y acaban en el bar».

Hijos de afectados, posibles «mediadores» en los institutos

Aunque Utaca tiene un programa de docencia para los psicólogos residentes y lleva a cabo también trabajos de investigación y recogida de datos con la Universidade da Coruña, la parte central de su actividad está dirigida a la asistencia al paciente y también a la familia, que muchas veces acude en busca de asesoramiento o simple apoyo. En breve sumarán nuevos planes de detección y prevención entre diferentes colectivos. Algunos de los programas que desarrollan o pondrán en marcha son:

Adherencia

Toma de medicación. Hay pacientes que acuden a diario al centro para tomar la medicación. Resulta fundamental para fijar la adherencia al tratamiento, sobre todo si han de desintoxicarse, cuando no tienen apoyo familiar.

Para no volver

Contra las recaídas. De forma resumida, luchar contra una adicción tiene dos fases, explica el psicólogo: «Dejarlo y no volver a caer». Por eso el centro mantiene activo un programa de prevención de recaídas (el año pasado tuvieron 147 retornos, pacientes que volvieron a tratamiento tras un mínimo de seis meses desaparecidos).

Integración

Competencias clave. Para favorecer la vuelta a la normalidad y la recuperación de la vida sociolaboral, Utaca desarrolla talleres de adquisición de competencias clave.

Detección

Con personal de atención primaria, del hospital y servicios sociales. Una serie de jornadas ofrecen a los médicos de cabecera claves para detectar dependencias entre un colectivo que suelen atender por problemas asociados, desde trastornos gástricos a insomnio. «Se calcula que tres de cada cinco no son detectados», indica Niceto González. Parte de esos problemas físicos se solucionarían tratando el alcoholismo, para lo que primaria puede aplicar tratamiento propios y, en aquellos casos que lo requieran, derivar al enfermo a la unidad. De igual forma, se estrecharán los lazos con las unidades hospitalarias de digestivo, medicina interna y trasplantes, y también con los servicios sociales, de donde proceden parte de los pacientes derivados para asistencia.

Prevención

En la población escolar. Pensando en el botellón y en las nuevas adicciones, se proyecta un plan de prevención en institutos no a través de profesionales, sino con mediadores jóvenes. Se trata de formar a adolescentes «para que sean ellos los que transmitan de igual a igual», explica. Entre las ideas que barajan es contar con los hijos de afectados, para que trasladen sus experiencias vitales con la enfermedad.

En el CIS

En prisión. Como miembro del Consejo Social Penitenciario, la unidad asistencial interviene en el Centro de Inserción Social de la Torre y con apoyo de la Fundación Barrié desarrolla un programa con personas condenadas por delitos cometidos en estado de embriaguez, sobre todo accidentes de tráfico, peleas y malos tratos.

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