La mili, mejor en el campus

Hace 20 años, al servicio militar obligatorio le quedaba poca vida, pero muchos de aquellos a los que todavía les tocaba hacerlo optaban por realizar una prestación social sustitutoria


Al servicio militar obligatorio le quedaba poca vida. El Gobierno salido de las elecciones de marzo ya le había puesto caducidad. Iban a ser seis años, que al final se quedarían en cinco. Pero, entre tanto, muchos de aquellos a los que les iba tocando aprender a manejar el Cetme (entonces fusil de asalto de las Fuerzas Armadas) optaban por acogerse a la objeción de conciencia que los llevaría a realizar una prestación social sustitutoria. En la Universidad coruñesa la hacían unos ochenta jóvenes. La cifra se había ido incrementando de año en año, bien por convicciones personales, bien porque los beneficios estaban claros. «Te ayudan bastante. Se interesan por tus necesidades y puedes adaptar el horario para no emplear demasiado tiempo», explicaba uno. Nada que ver con las historias que contaban padres y abuelos sobre cabos y sargentos déspotas. Así que, la mili, mejor en el campus que en el cuartel.

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