Si el acercamiento falla, el alcalde excusará buscar apoyos en un partido que no será socio, sino oposición
17 oct 2016 . Actualizado a las 13:27 h.El PSOE comenzó el 29 de septiembre un nuevo camino en María Pita. Hacia el primer piso. Después de año y medio en la oposición y ejerciendo como tal, y después de ese mismo tiempo recibiendo castigo por parte de la Marea -mutuo- optó por ofrecer una estabilidad que el gobierno local no tiene, ofreciendo un pacto de gobierno. La estabilidad se traduce en la mayoría absoluta en el pleno, es decir, en las cuatro manos que los de Ferreiro necesitan para evitar que, como ocurre este año, los presupuestos estén apenas ejecutados cuando poco queda para rematar el ejercicio.
¿En qué punto están las conversaciones?
En un punto muerto. La Marea quiere que antes de hablar de posibles entradas -hablar no significa sí al pacto- el PSOE apoye las cuentas y otros asuntos relevantes. El PSOE cree por su parte que la única garantía que tiene de que se cumplan sus aportaciones es entrando en el gobierno. El sábado el portavoz José Manuel Dapena explicitaba en una entrevista en La Voz que el pacto es la propuesta de su partido. El sábado el gobierno local elevaba el tono y cargaba contra los socialistas por buscar sillones y por carecer, decían, de legitimidad para hablar de buena gestión con antecedentes como los del Ofimático y Someso. La agria respuesta no cerraba la puerta al pacto, pero hacía más estrecha la rendija que ya antes no era muy ancha. Sea como sea, con el pleno de noviembre como horizonte, no hay mucho margen de maniobra en las posiciones. El PSOE quiere tener una respuesta antes de que el presupuesto llegue a esa sesión.
¿Qué pasa si hay acuerdo?
La partida de inversiones de este año, a tres meses para el final del ejercicio, no está ejecutada ni al 10 %. Además, el gobierno local tuvo que aceptar unas cuentas ampliamente modificadas en el pleno por la oposición, vaciando algunas de sus partidas -como participación- y quitándole recursos a otras. Los modificativos -cambios entre partidas de las cuentas en curso para hacer pagos- también se gestionaron tarde y retrasaron abonos y, en general, la Marea no fue capaz de empezar a materializar su programa en los tiempos que planeaba. Todos esos problemas desaparecerían para el gobierno local. Eso sí, tendrían que ceder áreas a los socialistas y aceptar que ellos tuvieron también su cuota en la primera planta.
¿Y si no hay pacto?
Lo que pide la Marea -en esencia que el PSOE apoye sus iniciativas pero desde fuera- no parece viable porque los de Dapena aspiran ahora a poder cogobernar. Si la Marea dice no a la propuesta del PSOE lo más factible es que se desencadenen entre ambas formaciones unas hostilidades que estaban aparcadas desde junio. Los de Ferreiro excusarían de llamar a la puerta socialista buscando apoyos puntuales para modificativos y otros asuntos. Esos temas, todos, acabarían debatiéndose en los plenos donde cada cuál haría sus aportaciones. Y es más que probable que en ese órgano se evidenciara una y otra vez que la Marea no tiene mayoría absoluta, teniendo que asumir negativas y cambios constantes en sus propuestas.
¿En qué situación quedaría Ferreiro?
Hasta ahora la Marea le pedía al PSOE apoyos y que antepusiera la ciudad dejando de lado sus intereses partidistas. También es cierto que hasta ahora ese partido no había dado ni un paso adelante, ni un paso atrás. Ahora el PSOE ofrece una vía a lo que pide la Marea. Si quieren mayoría, ya la tienen. Si el gobierno local no logra agilizar la gestión y los presupuestos, el PSOE siempre podrá decir ahora lo mismo que le decían a él: Ferreiro tuvo una solución en sus manos, pero por intereses partidistas prefirió seguir en solitario a sabiendas de que no le daban las cuentas. Justificar reveses les resultará más difícil por mucho que presenten mociones de confianza para poner al PSOE en complicadas disyuntivas: o conmigo o con el PP. El partido ya ha dicho que con la Marea. Le toca a ella responder.
¿Cómo quedaría el PSOE?
Después de haber apoyado la investidura del alcalde a cambio de nada los socialistas representaron un papel extraño. La Marea tiró de ellos cuando necesitó sus votos, pero el PSOE se pasó año y medio con un sí pero no constante, recibiendo crítica tras crítica del gobierno local por un lado, y dando más bien pocas facilidades por otro. El paso dado ahora aclara su panorama acabe como acabe la negociación. En el fondo, el partido está ofreciendo una salida. La Marea, en minoría, puede decidir que prefiere seguir sola, pero dejará claro también que del PSOE solo quería sus votos y que no estaba dispuesta a ninguna concesión. En esa tesitura no tendría mucho sentido que después llamaran a su puerta pidiendo ayuda.