Entre los últimos talentos de la animación nipona al margen del estudio Ghibli se sitúa Mamoru Hosoda, que firma una nueva incursión cinematográfica con «El niño y la bestia»
26 mar 2019 . Actualizado a las 15:53 h.Tras la -desgraciadamente, parece que definitiva- retirada de Hayao Miyazaki, la animación nipona ha quedado huérfana de su mayor referente nacional e internacional. Aun así, su tarea está siendo continuada por su propio estudio (Ghibli), así como por otros talentos ajenos a dicho estudio, disputándose todos ellos la herencia del trono del maestro. Entre estos últimos talentos al margen de Ghibli es donde se sitúa Mamoru Hosoda, autor de filmes como La chica que saltaba a través del tiempo (2006), Summer Wars (2009) o, especialmente, Los niños lobo (2012).
En su nueva incursión cinematográfica, El niño y la bestia, Hosoda nos conduce por dos mundos paralelos; la ciudad de los humanos y el mundo fantástico de las bestias, criaturas antropomórficas que se mueven en un universo alegórico. Entre ambos mundos se mueve Kyuta, un niño semihuérfano que es «adoptado» por una de estas bestias como discípulo y aprendiz. Con referencias que van desde la más evidente Karate Kid, a El libro de la selva o Moby Dick, Hosoda retrata la evolución a lo largo de los años de esta relación maestro-aprendiz, que pronto deriva hacia una relación bidireccional de carácter claramente paternofilial, donde la bestia pasa a ocupar el lugar del padre perdido entre lucha y lucha samuray. Desde luego esta bestia tiene poco de Sr. Miyagi, y lógicamente no encontramos la mítica frase de «dar cera, pulir cera», pero las connotaciones son evidentes.
Según palabras del propio Hosoda, «dibujar es la manera menos complicada de mezclar en una misma secuencia el sueño y la realidad», y, haciendo gala de ello, esta fábyla de aprendizaje se explaya en secuencias oníricas que aúnan imaginación, acción, mitología tradicional, universos paralelos, personajes bien trazados y, en definitiva, un espectáculo visual que, aún siendo por momentos excesivo y careciendo de la poética miyazakiana, es un filme digno que entretiene y, de paso, nos permite soñar.
«BAKEMONO NO KO»
Japón, 2015.
Director: Mamoru Hosoda.
Animación.
119 minutos.