Ayuntamiento y Diputación pondrán orden en los accesos al centro educativo
12 mar 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Los dramas, no siempre son grandes. Los hay pequeñitos, picajosos, de esos que dan la lata un poco todos los días, de los que cuecen a fuego lento a quienes los padecen. Los padres que llevan y van a buscar a sus hijos al colegio del Sagrado Corazón -las Franciscanas- en la Zapateira, saben bien lo que es sufrir al volante, vivir en el caos.
Ese caos perfectamente evitable tiene nombre de mujer: María Ana Mogás. Es la calle que da acceso a las instalaciones del colegio concertado. Antes de que el alumno vislumbre las imágenes religiosas que lo reciben en la recepción -Paquito y Paquita, y otras muñecas con atuendos de religiosas y de otro tipo completan el panorama desde una vitrina- tendrá que comulgar con piedras. De granito.
Son las rocas cuyos salientes se funden con el asfalto en la maltrecha vía, más propia de una aldea de municipio con presupuesto escaso que de una ciudad. Por ese camino mal bacheado de apenas dos metros y medio de anchura entran cada día cientos de coches y decenas de autobuses. Entran cuando pueden, claro, porque lo normal es que se forme el clásico alboroto. Como la M-30 en hora punta, pero en la Zapateira.
El problema, que se hubiera solucionado con que un par de peones se aplicaran a picar granito un par de semanas, lleva más de cuatro décadas -las que tiene el centro educativo concertado- amargándole la vida a alumnos, padres de estos y profesores.
Ahora, por fin, el tormento se va a acabar. Es más, se está acabando ya porque los operarios trabajan sobre el terreno para solucionar el follón.
El alcalde, Carlos Negreira; el presidente de la Diputación, Diego Calvo; el concejal de Urbanismo, Martín Fernández Prado, y la concejala de Movilidad, Begoña Freire, se acercaron ayer hasta el colegio para explicar las novedades.
Para empezar, la Diputación trabaja ya en la construcción de un carril de espera en la avenida de Nueva York -el eje central de la Zapateira-, que servirá para que los coches que giran hacia el colegio no entorpezcan el tráfico, situación que después de más de 40 años repitiéndose formaba ya parte de las tradiciones locales de la Zapateira. Ahora los coches podrán pasar, salvo largas retenciones. La actuación se adjudicó por 28.000 euros, una cantidad modesta -poco más de lo que cuesta cada pleno de la Diputación- pero que supondrá un importante alivio.
En un mes estará acabado el cruce de Nueva York con María Ana Mogás y Lisboa, y entonces comenzarán los trabajos que corresponden al consistorio, cuyo presupuesto no cuantifican desde María Pita, pero que será también reducido. En un mes más habrá desaparecido el montículo de piedra que tantos quebraderos de cabeza ha generado a conductores de autobuses y padres.
Las actuaciones ayudarán, dijo Diego Calvo, a «aliviar los problemas de circulación de la Zapateira». Negreira, por su parte, destacó que lo importante era mejorar la seguridad vial de los escolares. «Intentamos ofrecer la mejor seguridad para los niños», apuntó.
La retirada de las rocas de María Ana Mogás acabará con un tapón cuya supresión llevan décadas demandando tanto los padres como la dirección del centro, hasta ahora sin éxito.
La calle de acceso al centro lleva el nombre de la fundadora de las Franciscanas, un ejemplo de resignación y paciencia especialmente durante los ocho últimos años de su vida, en los que la acompañó una dura enfermedad. Fallecida en 1886, fue canonizada 110 años más tarde. Finalmente, en picar unos trozos de granito se tardará la mitad de ese tiempo. La paciencia, ella debía saberlo bien, es una gran virtud.