Rompió el escaparate de electrodomésticos y se dejó el móvil en el establecimiento
14 feb 2015 . Actualizado a las 10:12 h.El joven coruñés que ocupará el banquillo de los acusados tenía un dinero guardado para el San Valentín del 2011. Quería demostrarle a su novia su amor con un bonito regalo y con esa intención salió de casa la víspera. Pero se entretuvo en los bares. Una copa aquí, otra allá y el bolsillo se vació. La chica le afeó su conducta y lo dejó plantado en la calle. El joven, dolido consigo mismo, pensó en algo con lo que ganarse el perdón y decidió hacerle un regalo mucho mejor del que tenía pensado. Pero ante la falta de liquidez, no le quedaba otro remedio que ir al otro lado de la ley.
Caminaba por la acera cuando vio un viejo televisor en un cubo de la basura, justo enfrente de una tienda de electrodomésticos. Envalentonado por el alcohol, cogió como pudo la televisión y la estampó contra el escaparate del establecimiento. Obcecado con sacarle una sonrisa a su novia, se metió en el interior y comenzó a buscar algo que pudiese gustarle a ella. Pero entre que no se decidía, que la alarma no paraba de sonar, de pronto se arrepintió de lo que estaba haciendo. Y se fue de la tienda por donde entró y desapareció. Pero atrás dejó un problema, pues con el trajín de buscar un regalo le cayó el móvil. Porque el acusado, para quien el fiscal pide una pena de un año de prisión como autor de un delito intentado de robo, no es un avezado delincuente. Aunque nunca fue un santo, sus faltas nunca habían pasado de pequeños hurtos. El móvil posibilitó que la policía conociera su identidad nada más llegar al establecimiento.
Será juzgado el mes que viene después de esta semana intentase llegar a un acuerdo con el fiscal que no fructificó. Defendido por Diego Reboredo, del despacho del penalista Ramón Sierra, el joven intentará explicar lo sucedido para que la pena quede en nada. Cuenta con el atenuante, apreciado por la acusación pública, de embriaguez.