Un casa abandonada, y foco de contaminación, de la calle Puerto Rico es utilizada por vendedores ambulantes extranjeros
02 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Mientras que Ayuntamiento y asociación de vendedores ambulantes acuerdan la reordenación del espacio del mercadillo de la Sardiñeira, que llegó a suspender de forma provisional la feria en la zona, los otros mercaderes continúan ofertando su mercancía, casi siempre de segunda, tercera o cuarta mano y recogida, en la mayoría de las ocasiones de los contenedores de la basura.
Son los vendedores ilegales, casi todos inmigrantes de países del este de Europa, que acuden también al mercadillo de la Sardiñeira, donde ofrecen su variado producto: ropa, objetos de aseo, piezas electrónicas, juguetes..., con un ojo puesto en los clientes y otro en los agentes de la Policía Local que vigilan la zona los días de feria.
Cuando los policías optan por cortar la venta ilegal, la huida no se hace esperar, a carreras con sus petates a la espalda, cuando les da tiempo, porque en muchas ocasiones tienen que dejar la sábana con su mercancía a merced de los agentes del 092.
Unos para aquí y otros para allá, por las calles aledañas al área del mercadillo de la Sardiñeira. Eso es al menos lo que estaban haciendo hasta hace bastante poco, porque ahora un buen número de estos ilegales utilizan una casa abandonada ubicada en la calle Puerto Rico, casi anexa al área del mercadillo, como almacén.
«¿Quien entra ahí?»
Sí, en esa vivienda totalmente destartalada, sin puertas ni ventanas, arrojan sus petates hasta que desaparecen los agentes del 092. Nada más vuelve la normalidad, que suele ocurrir a los pocos minutos, acceden al interior de la casa y de nuevo abren sus sábanas y exponen sus productos.
¿Pero por qué no se incauta esa mercancía si se conoce dónde la arrojan cuando observan la presencia policial? A esta pregunta la suele contestar otra pregunta: «¿Quién se atreve a entrar ahí?». Porque para acceder a esa vivienda «hay que tener mucho valor», cuenta un vecino de la zona.
Lo dice porque la casa es un auténtico estercolero, un foco importante de contaminación, «que ya fue denunciado por el vecindario al Ayuntamiento». En el interior de la vivienda se puede encontrar de todo, restos de ropa de vestir, colchones, hierros, «y hasta comida que algún amigo de los animales lleva diariamente para que coman los gatos», cuenta un vecino. Que asegura que esa comida también atrae a las ratas, «y no son pequeñas», subraya. Y por eso le pide a esas personas «que tanto quieren a los bichos que los lleven para sus casas y les cuiden, pero no ahí, que perjudica a todos los vecinos».