El aulario de Betanzos, último colegio construido en Galicia, obliga a recluir a los niños cuando llueve. La Consellería dice que el centro cumple la ley
14 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.El 19 de diciembre el aulario de Betanzos cumplirá los primeros cien días de vida. Este primer trimestre de curso, que comenzó con una obligada convivencia entre profesoras y obreros que apuraban los últimos retoques, ha sido especialmente convulso para la comunidad escolar, que ha intentado que los niños no paguen las consecuencias de una decisión de dudoso acierto tomada a última hora: hacer el nuevo edificio dependiente del colegio Vales Villamarín.
Pero los trescientos alumnos no pueden evitar la frustración cada día de lluvia, después de que los gestores políticos determinasen que el patio cubierto era un servicio innecesario. El equipo docente del aulario calcula que de las 65 jornadas lectivas discurridas este trimestre, casi en la mitad los niños se han quedado recluidos durante los 35 minutos previstos de recreo, donde siguen esperando el mobiliario prometido de juegos y columpios. Finalmente, han optado por rotar las aulas en la única parte cubierta, un porche de 140 metros cuadrados.
Los planos
La polémica se remonta cuando el colegio no era más que un plano. Entonces, la junta de gobierno local, tras reunirse con la Anpa y la dirección del centro, trasladó a la Xunta tres peticiones concretas: una salida exterior de emergencia por la parte opuesta a la carretera, una sala de usos múltiples más amplia y zonas cubiertas para el recreo. Dicha petición se remitió a finales de enero del 2013 y desde la Xunta apenas tardaron diez días en responder. La carta la firmaba Jesús Oitavén, secretario xeral técnico de la Consellería de Educación, y en ella sentenciaba que las peticiones caían en saco roto alegando que el nuevo edificio, que se levantó con una inversión de más de tres millones de euros, se ajusta a la más estricta legalidad. En concreto, Oitavén aludía al Real Decreto 132/2010 y el 314/2006. «Polo tanto non é necesario facer os cambios solicitados», concluía el secretario xeral técnico en su carta.
El artículo 3 del primero de los decretos explica que los centros docentes deberán contar con un patio de recreo, «parcialmente cubierto». El adverbio hace legal la más irrisoria cobertura, como es el caso de Betanzos. Pero en la Xunta ha habido una evolución semántica con el paso de las semanas refiriéndose al porche como «zona cubierta», si bien en el plano figura el término porche, es decir, se trata de un espacio de recepción cubierto que permite a niños y progenitores esperar sin mojarse a la apertura de las puertas. Guerras léxicas al margen, el día a día demuestra que el espacio es insuficiente para una actividad, la del recreo al aire libre, que los profesores consideran fundamental.
La comunidad escolar sí ha conseguido, al menos, que en las próximas fechas se abra una nueva puerta de emergencia en la zona de las pistas del Carregal.
Un asunto político
El aulario de Betanzos ha sido motivo de debate en numerosos foros políticos. Uno de ellos fue el Parlamento de Galicia por iniciativa del BNG. Entonces, durante su intervención, el director xeral Jesús Oitavén declaró: «Agora ten mellores instalacións e máis superficie para o mesmo número de alumnado». Pero la comunidad escolar discrepa de esta frase los días que llueve.