Año y medio de infierno. Así es como algunos conductores y vecinos describen las obras de la rotonda de Sabón, aunque nadie duda de la necesidad de acometerlas. Y es que a las molestias habituales que pueden ocasionar unos trabajos de este calado y en una zona de tráfico tan conflictiva, hay que sumarle la rotura de dos tuberías, en octubre del 2013 y en agosto de este año, con el consiguiente corte de agua en la zona y el enfado del vecindario ya caliente por los problemas de abastecimiento que soporta desde hace años el municipio. Otro de los asuntos que generó críticas entre los conductores fueron los cortes de tráfico nocturnos que se produjeron en la rotonda sin avisar el pasado verano y que obligaron a los vehículos a realizar tres kilómetros de más o tener que pagar por el peaje de la AG-55. Además de estos inconvenientes, cada vez que se producía un accidente en hora punta en las inmediaciones de las obras, la zona se convertía en una auténtica ratonera para los conductores a los que más de una vez tuvieron que armarse de paciencia.
Las obras en sí también trajeron más de un contratiempo. La demora de Gas Natural a la hora de retranquear una canalización en la avenida de la Diputación trajo de calle a la adjudicataria, que tuvo que modificar sus planes y asumir un retraso de tres meses en los trabajos. Uno episodios que ya han quedado atrás porque ahora los conductores solo desean circular por la rotonda con total normalidad.