La ORA, ¿de ruina a pequeña mina?


Alos coruñeses dejará de costarles la ORA dos veces a partir de la próxima primavera. Hasta la fecha, los contribuyentes tenían que pagar por aparcar en la zona regulada y, a mayores, sufragar con sus impuestos las pérdidas -3,1 millones el último año- de una concesión mal gestionada y que no fue concebida para convertirse en un pozo sin fondo.

Quizá por ello, la concejala de Movilidad, Begoña Freire, y sus técnicos, se han empleado a fondo en los últimos meses para intentar diseñar un pliego en el que se combine la necesidad de un servicio clave para gestionar el escaso espacio en superficie existente en una urbe de apenas 38 kilómetros cuadrados con una correcta gestión que, además, reporte unos ingresos más o menos razonables al Ayuntamiento y que deje de ser un quebradero de cabeza para cuadrar los presupuestos municipales cada ejercicio.

Un mercado complejo. Al último concurso público para gestionar la ORA, y en aquel caso la grúa, que se licitaron de forma conjunta, solo concurrieron dos empresas. La entonces ganadora, Vendex, está ahora inmersa en el epicentro de una trama de supuesta corrupción que salpica a media Galicia, pero no parece muy dispuesta a renunciar a la que es su joya de la corona, su concesión más valiosa. El cambio de criterio para la adjudicación puede retraer a muchas empresas poco dispuestas a asumir un riesgo, pero parece de sentido común que el Ayuntamiento intente convertir un rentable un servicio que tiene a los clientes «condenados» a recurrir a él. El riesgo y ventura es una de las premisas de cualquier licitación y tocará a la mesa de contratación vigilar que se cumplan todos los criterios con las máximas garantías para erradicar cualquier atisbo de duda sobre un servicio que siempre genera sospechas.

Los aliados de Sacristán. La semana que empieza mañana tendrá un claro acento socialista. Las primarias locales en A Coruña y las provinciales coparán buena parte de la actividad política de la semana. En la capital, la ventaja en avales de Mar Barcón sobre Ángel Garmendia permite aventurar una cómoda victoria de la actual portavoz municipal, aunque la experiencia de oír a ambos candidatos confrontar sus propuestas programada para mañana puede resultar decisivo. Más abierto se halla el frente provincial, donde lo que ocurra en A Coruña también puede acabar siendo decisivo. Julio Sacristán parte con una ventaja de algo más de doscientos avales sobre Manuel Mirás, pero la llave del futuro la tienen los más de seiscientos afiliados que respaldaron al alcalde de Ares, Julio Iglesias, que no le bastaron para conseguir los mínimos exigidos y cuya redistribución entre los dos supervivientes marcará el resultado final de estos comicios internos. Mientras los cocineros de los dos candidatos buscan apoyos por todos los rincones de la provincia, la dirección del PSdeG se enfrenta a una difícil elección. Así, el pasado jueves, en la entrega de los premios Fernández Latorre, se pudo ver como el secretario general, José Ramón Gómez Besteiro, y su mano derecha en materia de municipalismo, Valentín González Formoso, alcalde de As Pontes, entraban de la mano con Sacristán y no desmienten su cercanía a las ideas del regidor cullerdense. Mientras, los afines a Mirás y eternos críticos, alardean del teórico apoyo de la secretaria de Organización, Pilar Cancela, aunque tanto unos como otros optan hasta ahora por el silencio en público. Curiosa batalla.

Carril, Vendex, el pasado y un futuro incierto

A seis meses justos de las elecciones municipales, el BNG ha resuelto sin traumas el quebradero de cabeza de la lista con la que concurrirá a los comicios. Hace cuatro años a estas alturas, la reyerta interna fue de tal calado que el sector duro de la UPG se cobró la cabeza de Henrique Tello y sus afines sin titubear. Quizá aquella batalla interna fue el inicio, o al menos uno de los detonantes, de la explosión del hasta entonces hegemónico partido nacionalista. Xosé Manuel Carril fue proclamado candidato tras una tensa asamblea en la que la votación estuvo salpicada de todo tipo de acusaciones de manipulación. Procedente de la universidad, parecía apadrinado por la CIG. Pero Xosé Manuel Carril ha conseguido hacerse con un perfil propio. Tanto que es uno de los escasos miembros del Bloque con capacidad para la autocrítica. A veces, incluso excesiva. Por eso, ya ha trasladado a sus íntimos que un mal resultado le obligaría a asumir responsabilidades y conjugar ese verbo tan extraño en los políticos: dimitir. De momento, ya ha prescindido de dos de los vínculos de su partido con la trama de la Pikachu. Primero se fue, «por motivos personales», Xoán Martínez Cajigal y la única edila actual que no repetirá será Ermitas Valencia, citada como testigo por su supuesta relación con una hipotética financiación ilegal.

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