La revolución de las huchas

Cristina de la Vega

A CORUÑA

Decía el Father, a la sazón Vicente Ferrer, que a veces de las cosas más pequeñas salen las cosas más grandes. Todos nos lamentamos de que el muro del mundo está sucio, pero sabemos que es demasiado grande para pintarlo con nuestra pequeña brocha. Por tanto, piensas, ¿para qué si esto no tiene remedio? Que fue justo el sentimiento que me embargó cuando pisé por primera vez el barrio rojo de Calcuta. ¿Qué hago yo aquí si esto no tiene remedio, si el sufrimiento que me genera convivir con esto no les va a arreglar nada a ellos? Menos mal que el Father no pensó eso. Menos mal que él pensó que la pobreza no está para entenderla, sino para erradicarla, y se puso manos a la obra? Menos mal que pensó «con mi pequeña brocha no alcanzaré a pintar el muro, pero empezaré por un trocito». Y así, día a día de su vida, demostró que de pequeños cambios, grandes transformaciones. Su hijo Moncho y su sobrino Jordi, que por cierto es cuspidiño a Vicente, cuentan cómo se está produciendo en Anantapur un cambio de mentalidad a través de la implicación, la liberación mediante la autosuficiencia. En cada casita, en cada escuela, en cada ayuntamiento, los habitantes de Anantapur han puesto unas huchas, que ellos mismos han comprado a una casta que trabaja el barro. La fundación no se las facilita porque hacerse con ella es el primer paso para demostrar su deseo de implicarse. Cada año, el 9 de abril, día del cumpleaños del Father, se celebra el día de la solidaridad y se abren esas huchas? Empezaron con un puñado de ellas, ahora hay más de 100.000. Ellos, los pobres de la tierra, los descastados, los desfavorecidos, recaudaron 200.000 euros el último año. Pero como decía Moncho, eso no es lo más importante, lo más importante es el cambio de mentalidad que se está produciendo en un país que el más profundo de sus problemas es que tiene el conflicto dentro, el conflicto de las castas, las religiones, las nacionalidades, los sectarismos. Lo más importantes es que se puede hacer una sociedad mejor si no dejas que maten tu esperanza.

Para mí esta revolución, la revolución de las huchas, me ha proporcionado alguna lección que todos deberíamos aprender. La increíble solidaridad de quien no tiene nada frente a los que no sabemos de dónde recortar, entre nuestros múltiples gastos y obligaciones, para ayudar al prójimo; y me ha recordado otras, que el sectarismo ya sea religioso, político, social, solo conduce al abismo. Otra lección que merece capítulo aparte es cómo las mujeres se han convertido en la fuerza del cambio, porque han entendido que solo unidad entre ellas puede terminar con la terrible violencia que sufren en un país en el que el 70 % de las casadas son violadas y maltratadas por su marido. En fin, ojalá aprendamos algo. Que la solidaridad hace fuerte, y que la fortaleza da confianza.