Los restos de la ermita de la Cruz

Parte de sus sillares se pueden ver en el callejón de Atocha Baja

Los sillares de la ermita de las Cruces estaban tras los muros del tapón de Atocha, eliminado en el 2013.
Los sillares de la ermita de las Cruces estaban tras los muros del tapón de Atocha, eliminado en el 2013.

Junio del 2013. La excavadora procedió a la demolición del tapón urbanístico que existía en el estrecho callejón de Atocha Baja, derribando en unos días las casas número 28 de Atocha Baja y números 2, 4 y 6 de dicho callejón. Las casas ruinosas habían sido previamente expropiadas por el Ayuntamiento coruñés con la intención de humanizar la zona y permitir una mejor comunicación entre la calle San Juan y Orillamar. A medida que las obras avanzaban fueron quedando al descubierto los muros medianeros de los edificios colindantes. Simón Pena, el arqueólogo que supervisaba los trabajos, se llevó una grata sorpresa: reaparecían los restos y algunos sillares de una vieja ermita que estaba situada en ese lugar.

Marzo de 1628. Los cofrades de la cofradía de Nuestra Señora de Atocha se reunieron en la vieja ermita llamada de la Santa Cruz o de las Cruces. Propiedad del concejo coruñés, en época medieval estuvo vinculada con el culto a la Santa Cruz y con las ceremonias y procesiones de la Semana Santa. Pero ahora los ritos y devociones habían cambiado. A lo largo del siglo XVI y desde su santuario originario en Madrid, el culto a la Virgen de Atocha se había extendido, favorecido por la devoción que le tenían los monarcas de la casa de Habsburgo; así, en 1588 Felipe II la convirtió en la protectora de sus reinos y de la Casa Real, condiciones que mantuvieron sus sucesores.

No conocemos cuándo se introdujo su culto en A Coruña, pero probablemente fue a finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Lo que sabemos es que en 1628 sus cofrades solicitaron y consiguieron permiso del concejo coruñés para asentarse en la vieja ermita de las Cruces que desde entonces se denominaría ermita de Nuestra Señora de Atocha. A juzgar por los restos redescubiertos, posiblemente la ermita primitiva se transformó y amplió. Solo tenemos constancia de que desde 1726 mantendría su forma sin apenas modificaciones, aunque sufriría reparaciones importantes en 1813 y 1910. Los planos conservados y las viejas fotos nos dicen que se trataba de una pequeña y modesta capilla longitudinal con un presbiterio y una sacristía en su cabecera. Estuvo exenta hasta que en la década de 1870 se le fueron adosando las casas que precisamente serían demolidas en 2013.

La vieja ermita se cerró al culto el 30 de agosto de 1923 y la imagen de su Virgen se trasladó a la capilla de la Grande Obra de Atocha que ese día se inauguraba. Abandonada y amenazando ruina, fue derribada en septiembre de 1927, salvándose sus relieves medievales que fueron extraídos y hoy se conservan en el Museo Arqueológico del castillo de San Antón.

Años después, en 1945, el Ayuntamiento autorizó en el lugar la construcción de una casa, la 26 de la calle Atocha Baja, que aumentaría su altura en 1961. Esa nueva casa conservó en su parte baja uno de los viejos muros de la ermita de la que hoy podemos ver algunos de sus sillares si paseamos por el nuevo callejón de Atocha Baja. Deberían poner allí una placa con su historia. Dio nombre al barrio.

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