El misterio de las camas del Chuac

iria pérez gestal / m. v. A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El hospital apela a una reordenación de tareas idéntica a todos los veranos

30 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

En lo único que los sindicatos y la gestión del Chuac se ponen de acuerdo es en que en verano se han cerrado plantas del hospital. Pero la postura de unos y otros en lo que se refiere a las causas y consecuencias del cierre es radicalmente opuesta. Los trabajadores aseguran que la reducción de medios y personal repercute directamente en el trato al paciente. «Esta noche había un atasco total en el servicio de Urgencias. Eran las seis de la mañana y seguíamos teniendo gente que había entrado a las siete u ocho de la tarde», explica José Rey, celador del centro. Una compañera, también celadora, apunta: «Hay unas 120 camas cerradas. Cada día vemos cómo las ambulancias se llevan a la gente al San Rafael o a la privada». Fuentes del hospital admiten que se han cerrado las plantas de Plástica y Neurocirugía, y también que hay menos camas disponibles en otras áreas, pero niegan tajantemente que afecte a la atención a los pacientes. «Las plantas se cierran por la previsión de una menor demanda en verano, pero quien viene con una urgencia de alguna de esas áreas es atendido en otras plantas, que absorben la demanda. Los casos que se desvían no son por las plantas cerradas, sino para abreviar las esperas, y es siempre el paciente el que lo decide. En todo caso, la situación es idéntica a la de todos los veranos». En lo que se refiere a las esperas en Urgencias, afirman que es cuestión de priorizar: «Como es lógico, se atiende a los pacientes dependiendo de la gravedad. Si coincide que varias personas acuden a Urgencias con un problema grave, una persona que llegó antes con algo leve tendrá que esperar».

Desde el PSOE, apoyan a los trabajadores y critican que se cierren plantas cuando hay gente en lista de espera. La concejala Silvia Longueira calificó de «sangrante» que la sanidad pública «teña que morrer nas mans de xente que nin a entende nin a valora». Marisa Mosquera, de UGT, reconoce que «hay cuestiones que sí se han mejorado a nivel organizativo», pero entiende que falta «personal, organización y diálogo con los trabajadores. Se está trabajando de una manera inhumana, con mucha presión y desorganización. La gente sale llorando del trabajo». En la misma línea, un trabajador afirmaba: «En todo el tiempo que llevo trabajando aquí, nunca me ha dolido nada, y ahora llego con los talones sangrando a casa».