Si los cálculos de Enrique Salvador son exactos, el gobierno local ha autorizado cerca de 62 modificaciones al texto de su ordenanza de ruidos, entre ellas muchas de la oposición, tal y como reconoció el concejal de Medio Ambiente, sobre todo del BNG y el PSOE.
Las modificaciones han limado algunas aristas de la redacción original, la más llamativa es que se haya eliminado el artículo contra las «reuniones tumultuosas» en lugares públicos.
El problema, como reconoce el gobierno en su respuesta a las alegaciones, es que la redacción de ese artículo podría dar pie a que sirviese a fines contrarios a los que pretendía, ya que podría emplearse, entre otras cosas, para sancionar a participantes en protestas no comunicadas.
Los populares defendieron desde el primer momento que esa no era su intención y, en consecuencia, han suprimido el texto ante la imposibilidad de encontrar una fórmula que evite posibles efectos secundarios. Claro que, aunque no figure de forma explícita, el botellón seguirá siendo punible por artículos que penalizan hacer ruido excesivo.
Pero además de eliminar ese artículo, el gobierno local ha aceptado muchas más alegaciones, unas de forma parcial y otras completas, lo que debería traducirse en que la normativa vea la luz con un consenso mayor.
El propio Salvador afirmó ayer que esperaba que los demás grupos «en base a esa voluntad de consenso, muestren su apoyo al texto». Su compañero de filas, Martín Fernández Prado, se mostró más moderado y apunto a que en ocasiones anteriores «el BNG se abstuvo» a la hora de votar ordenanzas en las que se habían introducido cambios a propuesta suya. «Ya veremos lo que pasa», subrayó el titular de Urbanismo para rebajar las expectativas.
Sin embargo, la tramitación de la normativa es un puro producto de la factoría Salvador. El edil de Medio Ambiente, con un estilo muy distinto al de la mayoría de sus compañeros, ha sido uno de los pocos del gobierno elogiados por la oposición por su «voluntad de diálogo». Otro tanto ha ocurrido en alguna ocasión con el responsable del área en la que está encuadrado su departamento, Martín Fernández Prado, que ya logró en más de una ocasión que la oposición diese su apoyo a uno de sus proyectos.