El reto de dormir en el casco histórico

Toni Silva BETANZOS

A CORUÑA

En la página 16 del programa electoral del PSOE de Betanzos, Ramón García prometía hace tres años «dignificar o casco histórico tomando medidas facilitadoras da súa rehabilitación e dinamización». Desde entonces, en el haber del Concello figura el lavado de cara de alguna calle, como la Rúa Nova, digna ahora para las cámaras de los turistas, o la facilidad fiscal para los nuevos comerciantes. Porque en el día a día son las iniciativas privadas (Biblos, Casa Castillo, CIEC...) las que dinamizan este valor diferenciador de Betanzos.

El casco tiene cientos de casas concentradas en muy pocas manos. Y a buena parte de esos macropropietarios no les mueven precisamente principios filantrópicos. Así, las casas se siguen cayendo mientras desde el Concello se intenta concentrar el foco en el embrollo penal de la casa Gótica, los expedientes de la torre del Lanzós o los diez inmuebles de la Xunta con una rehabilitación que no arranca. En definitiva, casas deshabitadas.

Pero el gobierno local no es tan contundente con las casas en las que sí hay vida. Algunos vecinos no tienen servicios mínimos de descanso por culpa de comunidades conflictivas atraídas por alquileres baratos en viviendas fragmentadas y de dudosa legalidad. El casco histórico necesita más turistas, pero también más personas con pijama y zapatillas, habitantes en definitiva que den sentido a tanta piedra centenaria. Y ningún alcalde puede dar por «dignificada» una zona mientras haya calles en las que conciliar el sueño y el descanso es una lotería.