Las concejalas de barrio serán claves para que el PP recupere apoyos
13 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.«Eficiencia» es la palabra mágica que se pronuncia desde hace años en España para aprobar medidas de austeridad más o menos acertadas y populares. Pero sea por temor a sufrir el tijeretazo en sus carnes o por virtuosa productividad, una parte del equipo de Carlos Negreira ha multiplicado su eficiencia no por dos o por cinco, sino por más de doce.
Ese alarde de estajanovismo lo han acometido con discreción tres de las edilas que menos titulares acaparan: las tres concejalas de barrio, Mariel Padín, Carmen Hervada y Susana Pazo, que han pasado de atender unas 800 reuniones vecinales en su primer año en el cargo a un total de 10.445 durante el último ejercicio.
Las estadísticas proceden de los balances de actividad de la concejalía, aunque hay que precisar un matiz: el primer año se contabilizaron «reuniones con vecinos y otros colectivos», mientras que el último resumen cita más de «diez mil consultas» de ciudadanos y asociaciones.
Si se dan por buenas las cifras, e incluso aunque hayan sido consultas no presenciales, el incremento es enorme. Supone que cada una de las tres concejalas ha pasado de atender menos de una reunión al día a resolver más de nueve demandas cada 24 horas, suponiendo que trabajan los 365 días al año sin excepción.
Todo esto sin tener en cuenta que además dos de ellas compaginan sus cargos municipales con otras responsabilidades. Padín es vicepresidenta de la Diputación Provincial y Carmen Hervada diputada en esa misma entidad.
La oposición no se lo acaba de creer. No es la primera vez que desde sus bancadas se dice que las edilas se limitan a «hacerse una foto al día» y poco más.
Entre las asociaciones vecinales hay división de opiniones sobre su trabajo. Las próximas a la oposición critican a las concejalas de barrio, que serían un «escudo» para el gobierno, las cercanas al PP las elogian. Esa división viene de antiguo y el trabajo de las edilas estos tres años no ha logrado evaporarla. Es más, a pesar de su labor y en la insistencia del alcalde en que quieren «subir todos los barrios a primera división», en las últimas europeas se reprodujeron las divisiones de voto tradicionales: el PP gana sobrado en el centro, pero tiene dificultades fuera de él.
Parte de esos problemas, como los que sufre en Monte Alto, son tradicionales; pero otros son de nuevo cuño, como los que padece en Novo Mesoiro. Ni en un caso ni en otro parece que las concejalas hayan podido cambiar esas antiguas tendencias.