Una edificación ocupa el patio de varios bloques de viviendas de la parroquia cambresa de O Temple
05 jun 2014 . Actualizado a las 21:51 h.Varios vecinos de las calles Rosalía de Castro y Eduardo Pondal de la parroquia cambresa de O Temple cuentan con un patio de lo menos particular. En medio del mismo se alza una edificación que llama la atención de los viandantes que transitan por la Cuesta de la Tapia. El inmueble, todo sea dicho, estaba allí mucho antes que los bloques residenciales, ya que pertenece a los familiares de los antiguos dueños de la parcela sobre la que se levantan.
Consuelo Pravio es una de las descendientes de los propietarios originales y prima de los dueños de la singular vivienda. En ese mismo patio residencial ella tiene un huerto que le proporciona alimentos. Denuncia que en las proximidades de su finca, en la parte que está más pegada a la acera, es frecuente encontrar deposiciones de perros que algún desaprensivo «olvida» por ahí. Lleva viviendo en el lugar toda su vida y, desde hace 40 años, compartiendo la parcela de sus abuelos con cientos de personas más. Ocho años atrás, antes de que la burbuja inmobiliaria explotase, los promotores llegaron a ofrecerles sumas de dinero bastante considerables para comprar su inmueble, pero no accedieron. No se arrepiente.
Toda la zona ha sufrido una profunda transformación en las últimas décadas. Consuelo aún recuerda cómo era todo entonces. Las casas bajas como la que hoy ocupa el centro de esta parcela eran la tónica general. Algunas de ellas contaban con piscina y con jardines ornamentales. Pero tampoco hay que retroceder mucho para dibujar una parroquia que poco o nada tiene que ver con lo que es ahora. Daniel Gestal, un joven de 31 años que reside en el bloque de la calle Rosalía de Castro y que llegó a vivir a la zona con solo nueve años, aún se acuerda de cuando todo el entorno estaba a monte. «Por donde está ahora la Guardia Civil me daba miedo pasar».
Respecto a sus particulares vecinos, Daniel poco tiene que decir, salvo que llevan allí «toda la vida», por lo que no le llama tanto la atención. Eso sí, a él no le gustaría vivir en esas condiciones. «Tienes el trabajo de una casa y la intimidad de un piso». Desde luego, el jardín de esa casa no es el mejor sitio para tomar el sol si no se quiere ser visto, pero para sus moradores seguro que la historia y los recuerdos a esas cuatro paredes les hacen resistir estoicamente. Aunque sea en el medio de un patio de manzana.