Viajen en turista

A CORUÑA

30 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No es descabellado que en España Bruselas se vea como una especie de sucursal de Berlín, un gigantesco altavoz de los dictados de Alemania. O que se contemple como un retiro dorado reservado para los que han florecido en ese estrato llamado la clase política. Llegado el otoño de sus carreras profesionales, los elegidos van a Bruselas y el resto que se busquen la vida. En la película japonesa La balada de Narayama, los ancianos son abandonados en un monte sagrado. Sus familias los dejan morir allí por el bien de la comunidad, para ahorrar alimentos. Una cuestión de pragmatismo. Es como un sacrificio humano en aras de la supervivencia del grupo. Y no es de extrañar que haya ciudadanos, como los parados de larga duración o los dependientes, que se sientan así con respecto a los parlamentarios de la UE. Al fin y al cabo, los eurodiputados son esos señores que votaron en contra de viajar en turista porque preferían ir en primera o en business class. Señorías de distintos colores y sabores defendieron su posición ante críticas «populistas» y propuestas planteadas «solo de cara a la galería». Hay honrosas excepciones y deshonrosas posiciones. ¿Necesitaba Mayor Oreja vuelos con comodidades y flexibilidad extra para introducir en una exposición sobre el 11-M una foto alusiva a ETA? ¿Eran indispensables para convertirse en uno de los españoles con menos actividad en la Eurocámara? No. Pero ayudan a mantener la mente fría, alejada de las colas, las apreturas y las fiambreras ajenas, de las cuitas que pueden distraer al patricio moderno. Se empieza viajando en business class a cuenta del erario público y se acaba creyendo que detrás de la cortina no hay nada, cuando allí van los que le pagan el billete.