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El Banco Rías Altas repartió 2,2 millones de kilos de comida en el 2013 entre casi 200 entidades, que atienden a 20.000 beneficiarios
08 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Los voluntarios del Banco de Alimentos Rías Altas organizaban ayer por la mañana paquetes, en la nave de la que disponen en la Grela, para repartir entre las 190 entidades a las que surten de alimentos en la provincia. Lo hacen en un momento en el que, reconocen, están desbordados por las peticiones, aunque admiten que la responsabilidad les impide poner freno a las nuevas solicitudes de ayuda.
El año pasado distribuyeron 2,2 millones de kilos, pero la demanda ha crecido exponencialmente, en mayor medida que lo han hecho las donaciones, reconoce Antolín Pardo, uno de los 600 voluntarios, la mayoría jubilados, que colabora desinteresadamente con la entidad. «Desde el presidente al último voluntario, no hay ningún contratado», comenta, mientras en la nave de 800 metros cuadrados entran las dos furgonetas de las que disponen para ir recogiendo los alimentos de varios actos solidarios con los que van aumentando un stock siempre en movimiento. «De aquí salen unos 7.000 kilos todos los días», explica Luis Camba, jefe del almacén del Banco de Alimentos, una entidad que demanda una nueva sede para contar con más espacio y reagrupar sus instalaciones.
Si Emalcsa les dona una parte de una nave, el Grupo Sánchez lo hace con otra para albergar las aportaciones que realiza el FEGA (Fondo Español de Garantía Agraria), que supone un 35 % de los alimentos que reciben, y las oficinas las tienen en el puerto, cedidas por Frigoríficos Botana.
Estos días, sus mayores necesidades son de leche, azúcar y alubias, pero reconocen que es una cuestión que varía con rapidez. Lo que más agradecen, aseguran, son las conservas, porque permiten al destinatario final comer sin necesidad de disponer de energía para calentar la comida. El reparto a las entidades se hace de forma equitativa teniendo en cuenta el número de personas que atienden y también sus necesidades. «Aquí no hay nada que parezca poco», reconocía Antolín Pardo, que asegura que aceptan todo tipo de donaciones.
Piden siempre productos no perecederos, pero cuentan con dos arcones y siete neveras apiladas en la nave para los improvistos, quizás decomisos de pescado, que también acaban en sus manos. Ahora, Ferrovial ya les anunció que les cederá una cámara frigorífica para este tipo productos. El objetivo es que nada se pierda en un momento en el que los alimentos escasean.