Coirós recuerda a su mártir

En 1980, ETA segó la vida de José Luis Vázquez, vecino de Ois, donde hoy se inaugura un pequeño monumento en su memoria

Gema muestra una imagen de su marido, asesinado por ETA hace 34 años.
Gema muestra una imagen de su marido, asesinado por ETA hace 34 años.

Coirós / La Voz

«Empecé a fumar el 4 de octubre de 1980». Lo dice Gema López, una asturiana afincada en Betanzos, mientras apura una profunda calada. Pero el tabaco es lo menos perjudicial que arrastra desde entonces. Ese día su vida se hizo añicos. Su marido, con el que se había casado cinco meses antes y del que esperaba una hija, murió junto con otros dos guardias civiles que acompañaban una vuelta ciclista en un pueblo de Vitoria. «Lo remataron con 24 tiros en el suelo», recuerda Gema, que esa misma semana regresó a su casa natal en Mieres. José Luis Vázquez tenía entonces 31 años y era natural de Ois (Coirós).

El tiempo no ha borrado la intensidad de aquellos cinco años de noviazgo más el breve matrimonio. Gema lleva años proyectando un homenaje para su marido, del que aún habla enamorada. «José Luis era lo mejor del mundo mundial, nadie puede hablar mal de él, era una persona muy justa, él me infiltró el amor por Ois». Y en Ois será hoy al mediodía, junto a la sede de la sociedad recreativa, donde se inaugure un monolito en recuerdo de este miembro de la DGT que murió en acto de servicio «cuando trabajaba en un turno que no le tocaba». Allí estará Gema junto a las hermanas y demás familia de José Luis, cuyos restos también descansan en este rincón de Coirós. Era la voluntad de su marido, algo que supo de forma casual apenas una semana antes de morir. «Al pasar en coche junto al cementerio de La Rebollada, en Mieres, le dije en broma: ??ahí te traeré cuando te mueras??». Él le respondió entonces que su voluntad era descansar junto a su madre en Ois. El entierro se celebró en Asturias, donde lo visitaba con frecuencia. Pero en el año 2000 cumplió la voluntad de su marido, cuyas fotografías aún las lleva con admiración. Al sepelio le siguieron crisis de ansiedad y una vida sin sentido en la que tenía que salir adelante para educar a su hija. «En una semana podía perder ocho kilos», señala. El dolor, que se ha amoldado a ella como un órgano más, se intensifica cuando toca visitar la Audiencia Nacional por los sucesivos juicios, o alguna que otra reunión de la AVT, de la que recibió importante ayuda en los primeros años tras el asesinato. También se sintió siempre muy integrada y apoyada por la familia política.

Ois le rendirá homenaje a este hombre bueno y justo, cuyos últimos segundos de vida aún resultan estremecedores en boca de su viuda. «En una mano tenía la hoja de ruta de la carrera ciclista, y la otra estaba llena de tierra... se agarró a la vida hasta el último suspiro».

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