La batalla carnavalesca de flores

Xosé Alfeirán

A CORUÑA

Miles de personas asistieron a las primera cabalgatas de carnaval de los Cantones.
Miles de personas asistieron a las primera cabalgatas de carnaval de los Cantones. alberto martí< / span>

Fue creada en 1916 por Manuel Casás para «adecentar» el entroido

09 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Cambiar el carnaval callejero. Esa era la idea del alcalde monárquico Manuel Casás, nombrado por real decreto del gobierno liberal del conde de Romanones el 30 de diciembre de 1915. No le gustaban nada los «tiroteos» de habichuelas, huevos rellenos, anises y demás proyectiles típicos del carnaval coruñés, ni que las máscaras anduvieran por la ciudad molestando a los transeúntes. Deseaba un carnaval de «buen gusto», acorde con el progreso de la ciudad.

A comienzos de febrero de 1916 la prensa local recogió su intención de adecentar el carnaval, prohibiendo los «tiroteos» y el uso de cualquier «proyectil» en la vía pública. Para explicar sus planes, el alcalde Casás convocó el 10 de ese mes a todas las sociedades de recreo coruñesas; el 12 amplió la asamblea convocando además a diversas entidades y empresas de la ciudad. En esas reuniones les pidió su colaboración para desterrar el carnaval de las calles y organizar unas nuevas fiestas carnavalescas que además pudieran atraer a los forasteros. Su idea era prohibir la circulación por la vía pública de máscaras y comparsas que no hubiesen sido debidamente autorizadas y organizar una cabalgata en los Cantones el domingo y el martes de entroido. Para ello pedía que cada entidad construyese y concurriese con una carroza simbólica y artística.

La idea fue acogida con entusiasmo, llegándose al acuerdo de celebrar una cabalgata en la que participarían carrozas, carruajes y automóviles engalanados además de las máscaras, comparsas, murgas y bandas musicales. Durante su recorrido, que iría desde la plaza de Mina hasta el Obelisco, se efectuaría una batalla de flores, confetis y serpentinas. A ambos lados se construirían tribunas y se colocarían sillas para alquilar al público que podría participar en la batalla. También se haría un cartel y programa, encargado al pintor Saborit, que se repartiría por los concellos vecinos.

Detener las máscaras

Durante los días previos a la cabalgata, la guardia municipal tuvo que emplearse a fondo para controlar y detener a las máscaras que sin permiso circulaban por las calles, suscitándose protestas populares. También el alcalde tuvo que hacer frente a las críticas de despilfarro que se hacían al coste de la cabalgata en una época, en plena Gran Guerra, de paro elevado y de incremento del precio de las subsistencias.

El 5 de marzo, domingo, a las 4 de la tarde, con un día espléndido, la banda de trompetas de Caballería inició el desfile seguida de unas treinta carrozas y de diversas comparsas, bandas, murgas y automóviles con máscaras. Empresas, sociedades y particulares rivalizaron para mostrar las carrozas más originales y artísticas. La batalla de flores, serpentinas y confeti fue intensa, participando todos los espectadores. La cabalgata, que duró dos horas, tuvo un gran éxito. El martes 7 de marzo se volvió a repetir con mayor concurrencia de público y carrozas, incluyendo antorchas y bengalas. Triunfaba el carnaval burgués; el callejero y popular quedaba, de momento, domesticado.