Huevos, habichuelas y confeti eran el arsenal carnavalero hasta 1915
02 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.El carnaval coruñés estaba moribundo. Así lo reflejaba la prensa local en 1915. Según la gente de orden, llevaba años en decadencia. Añoraban las grandes comparsas, las carrozas, las cabalgatas, los entierros de la sardina y los magníficos disfraces que caracterizaron los fastuosos días carnavalescos de hacía unos cuarenta años. Ahora solo había bailes y fiestas de salón, pocas comparsas, máscaras zarrapastrosas y unos curiosos tiroteos en la calle Real.
En los días del carnaval de 1915 hubo nada menos que 21 bailes de máscaras. La mayoría tuvieron un gran éxito de público y en ellos se danzó hasta altas horas de la madrugada. Muchos se celebraron en el Teatro Rosalía de Castro especialmente habilitado y decorado para la ocasión y con un patio despejado de butacas para bailar. Los programas incluían vals, rigodones, polcas, mazurcas y el nuevo baile de moda: el tango argentino.
El carnaval de sociedad se centraba en los bailes de máscaras organizados por las sociedades de recreo coruñesas para sus asociados y familiares. Se iniciaba siempre el 2 de febrero con el baile de la Candelaria del Circo de Artesanos. Después había que esperar al jueves de comadres, que ese año fue el 11 de febrero, para disfrutar del baile de la Asociación de la Prensa. A partir del sábado de carnaval y hasta el domingo de piñata, su número se multiplicaba con las ofertas del Circo de Artesanos, el Centro Castellano, el Círculo Curros Enríquez y el Nuevo Club. Todos estuvieron muy animados.
La fiesta callejera
Paralelamente se celebraba el «carnaval popular y callejero». Los domingos, fiestas y vísperas de fiestas desde el 31 de enero hasta el 21 de febrero hubo bailes públicos de carnaval tanto en el teatro como en los salones de baile de los barrios, con sesiones vermú y nocturnas muy concurridas. Pero lo más importante acontecía en las calles. Desde el sábado al martes de carnaval, máscaras y comparsas se dedicaban a gastar bromas, a visitar las casas de los amigos y a combatir lanzando copiosas granizadas de proyectiles, formadas por habichuelas, garbanzos, huevos rellenos de serrín, confetis y serpentinas, contra todos los que pasaban o vivían en el centro de la ciudad, especialmente en la calle Real. Los tiroteos menudeaban y causaban estragos y chichones, dejando el suelo cubierto de un lodo amarronado y poniendo de manifiesto las tensiones sociales existentes en la ciudad. Muchas de las máscaras populares eran de las denominadas del polvo, aunque ahora ya no enarbolaban el polvero y la escoba, llevando simplemente la cara embadurnada. Las comparsas fueron muy pocas, destacando la aristocrática La Walkyria con sus vistosos trajes de pierrots y las populares Xan Traspallás Carrasqueiros, Os Berberecheiros de Monelos y la del incombustible Mazaricos, alias de Emilio Golpe, que su carroza con forma de zeppelín se dedicaba a bombardear a la población y a vender sus coplas burlescas. Con mucho bullicio se despidió el carnaval hasta próximo año; sin embargo, ya no volvería a ser el mismo.
Más de 20 bailes de sociedades amenizaban la fiesta a comienzos del siglo XX