Por mucho que Mariano Rajoy y sus acólitos se empeñen afirmar que la recuperación ya ha empezado, el consumo sigue funcionando a cuentagotas. El comprador medio elige muy bien cuándo hace sus desembolsos y optimiza al máximo sus recursos. El cierre de Dolce Vita fue defendido por los agoreros como el fin de un modelo, el de las grandes superficies, del que, es justo reconocerlo, en el área coruñesa hay una superpoblación. Pero ese final no es más que una permanente reinvención. Media Markt, el buque insignia del fenecido Dolce Vita, ha cruzado la calle y se ha instalado doscientos metros más allá, en el espacio que dejó vacío Muebles Rey por quiebra en el gigante Marineda City, en un claro ejemplo más del darwinismo y sus teoría de la evolución de la especie resumidas en un aserto: solo los más fuertes -y mejor preparados- sobreviven. Mientras, a escasa distancia de la mole de hormigón vacía que es Dolce Vita, tapiada para evitar a okupas, se han iniciado ya los trabajos para la instalación de otra gran multinacional del sector del bricolaje que, si se cumplen todas las previsiones, abrirá sus puertas en septiembre. Ojalá se acabe la crisis.