En junio del 2011 empezó la nueva vida de Isabel Perales (30 años). Junto a su marido, Pablo Castro (35), inauguraron Sweet Place. El negocio de repostería mira a EE.?UU. Inicialmente asentado en Federico Tapia, funciona desde hace meses en Riego de Agua, despachando postres americanos, cupcakes y brownies.
-¿Cómo terminaron tras el mostrador?
-Estábamos los dos en el paro y decidimos comprar nuestro trabajo. No teníamos más opción, así que nos hicimos emprendedores por obligación. En la situación en la que estábamos, poco o nada había que perder.
-¿Y cómo está resultando?
-Bien. Trabajar como autónomo tiene sus ventajas: tú te fijas el horario, mides los pasos que vas dando en tu propio negocio y las decisiones se toman con facilidad, sin depender del visto bueno de un jefe. El problema es empezar, porque los bancos te lo ponen todo muy difícil. Nuestro primer local lo montamos con nuestros ahorros y el dinero que nos prestó la familia. Sin ellos, hubiera sido imposible.
-El momento, sin embargo, no parece el mejor para sacar adelante un negocio.
-Nosotros tenemos la esperanza que todo puede ir a mejor. Afortunadamente, no tenemos deuda y hemos contratado ya un empleado. A lo mejor, de no ser por la crisis, no podíamos hacerlo de este modo.
-¿A qué se refiere?
-A tener un local aquí, en el centro, al lado del Ayuntamiento. Si no fuera por la situación actual, en la que se han bajado las rentas de los alquileres, nunca podríamos haberlo hecho.
-¿Se plantean crecer?
-Esa es la idea. Nos han planteado ser una franquicia en el futuro, pero primero nos tenemos que asentar.